El misterioso crimen que metió a Cervantes a la cárcel

Por Jaime Darío Espeleta Herrera

“Cualquier intento para reconstruir la vida de Cervantes en sus momentos sucesivos nos enfrenta con un escollo: a las lagunas y oscuridades de una biografía que, para decirlo con frase de Américo Castro, sigue siendo, tan escasa de noticias como llena de sinuosidades”. Jean Canavaggio.

La vida de Miguel de Cervantes Saavedra solo fue glorificada después de su muerte, nunca pensó que su obra literaria trascendería los umbrales de su propia imaginación. Vivió de manera modesta y adusta, además fue encarcelado en cuatro oportunidades por diferentes motivos y bajo ridículas e injustas circunstancias. Sin embargo, por cosas del destino el misterioso asesinato y el expediente investigativo de dicho acto delictivo de un pariente muy lejano de mi genealogía, llamado Gazpar  De Ezpeleta, marcó un hito documental en los pocos datos que se han podido saber de la vida de Miguel que se ajusten a una realidad y no a la elucubración mental de falsos investigadores de su biografía.

 Las razones de su infortunio y su posterior detención junto con su familia, se derivan  un 27 de marzo de 1605 en Valladolid, España. Por cosas del destino, a pocos metros, de la instancia residencial de los Cervantes, don Gaspar de Ezpeleta, se batía en duelo con Melchor Galván, a quien su adversario le movía a su amada esposa algo más que su corazón. Don Gaspar era un Navarro, nacido en Pamplona en 1567 de singular comportamiento, mujeriego, bohemio, farandulero y excelente espadachín.  Don Melchor, era un alto funcionario de la corona, escribano real para más señas y casado con una bella mujer de nombre,  Inés Hernández.

Era don Gazpar, aficionado al toreo y para la época se desarrollaban grandes festejos producto del bautizo del príncipe real y futuro Rey de España Felipe IV; vestido de hidalgo caballero con otros personajes de Valladolid,  entró en el interludio de la corrida y al ser embestido por un toro bravo, cayó del caballo de manera aparatosa para la risa del público, esta caída no ocasionó, sino contusiones a su víctima, pero trascendió tanto este hecho que dio lugar a este soneto de la época:

“Cantemos a la gineta

y lloremos a la brida

la vergonzosa caída

de don Gazpar de Ezpeleta”

Volviendo al duelo, encontramos que ese día don Gazpar de Ezpeleta, no estaba en su mejor condición física, al estar bebiendo durante varios días en las festividades reales que se desarrollaban en Valladolid, dando como resultado un fatal desenlace en su contra.

En la penumbrosa noche solo se sentía el sonido metálico de las espadas, testigo mudo el puentecillo del “Rastro de los Carneros”, donde se desarrolló la pasional contienda, aun así ebrio y todo, resistió unos minutos don Gazpar la iracunda embestida, hasta que recibió dos profundas estocadas del escribano real. Arrastrándose  herido unos metros el ebrio amante y cayó en el portal de la Familia Cervantes para  infortunio de don Miguel.

Ante los angustiosos pedidos de auxilio, acudió en su ayuda Don Miguel en persona, como pudo cargó a don Gazpar de Ezpeleta a la casa de  la vecina – Juana Gaitán. Dos días después fallecería y se iniciaría una gran “cacería de brujas”. El alcalde Villaroel, investigador del crimen, inició sus pesquisas e interrogatorios, dando como resultado el encarcelamiento de 11 personas, entre ellas Miguel de Cervantes, su familia, vecinos y amigos personales del escritor.

Se extrae del expediente criminal, que reposa en la Real Academia Española, que dicho proceso tuvo dos circunstancias en contra de Cervantes y su familia, el primero se deduce de la amistad manifiesta del investigador Villaroel y el homicida don Melchor Galván, ambos eran miembros de la nómina de personal de la Corona Española y su objetivo era proteger tanto la dignidad y honra de doña Inés Hernández,  como la de su esposo.

Y la otra, no menos injusta, la falsa declaración de Isabel de Ayala, solterona esta que vivía en el desván de la Familia Cervantes, quien se prestó para manifestar cual “chismosa de pueblo”, que la familia Cervantes tenía una “casa de citas” clandestina y que don Gazpar de Ezpeleta, era un asiduo cliente del prostíbulo de don Miguel, este y otros chismecitos más, dieron razones jurídicas a Villaroel a proceder con la injusta encarcelación.

Don Miguel de Cervantes, no solo fue afectado en su reputación por las falsas imputaciones de la temeraria declarante en contra de sus hermanas y de su hija, también sufrió los efectos de la mala fe del juez, empeñado en que no se descubriera el nombre del que mató a don Gazpar de Ezpeleta.

La indignación de los ciudadanos de Valladolid fue inmediata, era un secreto a voces quien era el homicida y más aún cuando se presentó a declarar a los dos días del crimen, Francisco de Camporredondo, criado de Galván, inculpándolo  del homicidio. Ante este señalamiento directo, no le quedó otra al investigador que dejar libre a los 11 inculpados y a declarar el proceso archivado por “falta de pruebas”.

Sin embargo, como dice el dicho popular, “no hay mal, que por bien no venga”,  este episodio aciago para Cervantes, al ser la cuarta encarcelación de su vida, permitió a sus biógrafos contar con una fuente documental fidedigna para saber un poco más de su vida, ya que el expediente  permitió conocer detalles que si no se hubiera presentado el crimen de nuestro ascendiente, en el portal de los Cervantes, hubiera sido más difícil escudriñar lo poco que se sabía del gran escritor de Alcalá de Henares.