El nuevo Presidente de Estados Unidos

Joseph Robinette Biden Jr., más conocido como Joe Biden, oficialmente el 46 Presidente de los Estados Unidos de América, y si nada extraordinario ocurre, jurará su destino el próximo 20 de enero ante el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de esa Nación. 

La historia de vida de este hombre es admirable y parecería que Dios lo tenía destinado para ocupar este cargo después de todo lo que le ha tocado sufrir en la vida. Abogado de profesión, católico, a los 78 años –época de la vida en la que se está más allá que acá– llegará a la oficina oval de la Casa Blanca, pero esta vez no como segundo a bordo, sino como el primer mandatario de los americanos, después de una dilatada carrera en la que por 38 años fue senador por el Estado de Delaware y durante 8 años vicepresidente de los Estados Unidos en los dos gobiernos de Obama.

 Su vida ha estado signada por sucesos trágicos desde muy joven. En un accidente automovilístico perdió la vida su primera esposa y la hija de ambos, sus otros dos hijos se salvaron; el mismo Biden estuvo a punto de morir después de una delicada operación a raíz de una isquemia cerebral, y en 2015 murió de cáncer su hijo mayor Joseph R. ‘Beau’ Biden.

 Biden un aguerrido político, luchador de la vida y ganador, obtuvo su triunfo gracias al respaldo directo mayoritario que en las urnas le dieron los electores, así como por el mayor número de delegados estatales del colegio electoral, lo que legitima su mandato pese a las denuncias infundadas de fraude hechas por el presidente Trump, de manera que no hay duda de su doble triunfo y de que los norteamericanos votaron por un cambio. El sistema democrático de los Estados Unidos vigente por más de dos siglos, con sus instituciones, resurgieron fortalecidos una vez más de una prueba de fuego como la de haber celebrado unas elecciones justas y democráticas en medio de la pandemia que vive el mundo por el Covid-19.

 Ya posesionado del cargo se espera que Biden cumpla con su programa de gobierno, contando con el respaldo político de la Cámara que seguirá controlada por los demócratas, lo que no ocurre con el Senado que continuará controlado por los Republicanos, en medio de cuyas fuerzas políticas de contrapeso a su poder el futuro Presidente tendrá que demostrar toda su experiencia y capacidad negociadora para llegar a acuerdos y consensos sobre las iniciativas legales que presente su gobierno, y sobre las políticas sociales y económicas por ejecutar.

 Internamente el Presidente tendrá que enfrentar varios retos: el manejo de la pandemia por el Covid-19, la polarización política de la sociedad americana, la sostenibilidad y el crecimiento económico, el desempleo, la discriminación racial, la situación migratoria de extranjeros, la recomposición de las relaciones exteriores; en fin, tendrá que responder a esos retos con acciones eficaces de gobierno para mantener la confianza que el pueblo depositó en él al elegirlo por un cambio en la política americana y en el rumbo del país. Biden ya ha anunciado que no ve a los Republicanos como sus enemigos y que gobernará para todos los Estados Unidos, lo que demuestra el carácter humano y social del nuevo Presidente.

 Biden llegará acompañado de Kamala Harris en la vicepresidencia, una joven política y distinguida abogada que fuera fiscal del Distrito de la ciudad de San Francisco, Senadora por California, hija de inmigrantes (madre india tamil y padre jamaicano), miembro de la comunidad negra y primera mujer en la historia política de los Estados Unidos en ocupar ese cargo. Si Biden –quien tiene antecedentes delicados de salud– o por su avanzada edad no llegare a culminar su periodo esta mujer se convertiría en la primera en ocupar la Presidencia de Estados Unidos.

 Con Biden, Colombia debe esperar que se mantengan las buenas relaciones que históricamente nuestro país ha tenido con Estados Unidos, sin importar el partido del presidente, de manera que se continúe con la política de apoyo económico y colaboración militar con Colombia para financiar la lucha contra el narcotráfico, pues esta ha sido la tradición de los partidos Demócrata y Republicano a la política exterior con Colombia, además de las buenas relaciones comerciales con uno de los mayores mercados para exportación de Colombia.