El origen guajiro de la peste del insomnio

En estos tiempos de confinamiento por el coronavirus las consecuencias para la salud y el bienestar de las personas ha dado para todo tipo de afectación. Una de ella tiene que ver con el insomnio.

En el libro ‘Cien años de soledad’, su autor narra que a Macondo llegó procedente de La Guajira un brote que se convirtió en epidemia y luego en pandemia con todas sus adversas consecuencias sociales, económicas, políticas, institucionales

En palabras de Gabriel García Márquez “El domingo, en efecto, llegó Rebeca. Había hecho el penoso viaje desde Manaure…Visitación reconoció en esos ojos los síntomas de la enfermedad cuya amenaza los había obligada, a ella y a su hermano, a desterrarse para siempre de un reino milenario en el cual eran príncipes. Era la peste del insomnio.

Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado.

Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía sobre la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga.

No se les permitía (a los forasteros) comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad solo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas de insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir.

…apareció por el camino de la ciénaga un anciano estrafalario (Melquíades)… Abrió la maleta atiborrada de objetos indescifrables, y de entre ellos sacó un maletín con muchos frascos. Le dio a beber a José Arcadio Buendía una sustancia de color apacible, y la luz se hizo en su memoria.

Meses después volvió Francisco el Hombre… que desapareció de Macondo durante la peste del insomnio y una noche reapareció sin ningún anuncio en la tienda de Catarino. Todo el pueblo fue a escucharlo para saber qué había pasado en el mundo”.

¿A propósito del relato en Cien Años de Soledad, nos preguntamos y preguntamos, si es coincidencia, casualidad o profecía autocumplida lo que está pasando en el departamento de La Guajira y sus quince municipios con la presencia y manejo de la peste del Covid-19?

¿Aparecerá el Melquíades con la medicina para curar la pandemia del coronavirus de forma que llegue la “nueva normalidad” a la comunidad guajira?

¿El liderazgo departamental y municipal está preparado y están ejecutando el plan de contingencia y de salud para enfrentar acertada y eficazmente la emergencia de la actual peste en la su fase de contención, mitigación y supresión?

¿Emergerá en la pospandemia el Francisco El Hombre que contribuya con su canto y su música comprometida a la mejoría de las calamitosas condiciones de vida que dejará el Covid-19 a los grupos más vulnerables de la sociedad guajira?