El Partido Liberal esmellado en triza

La flamante bandera del glorioso Partido Liberal está carcomida, despedazada y vuelta trizas por quienes se aprovecharon, apropiaron y beneficiaron de las explotaciones económicas originadas del derecho, en uso la personería jurídica manejada a su antojo durante los términos de dirección, transformándola en patrimonio familiar, diluyendo la esencia de los principios que la caracterizaban desde el centralismo en la capital, Bogotá, para extenderlo a competencias, atribuciones y obediencia en las militancias de colonias liberales, regionales y locales.

Es triste ver a quienes se lucraron del Partido Liberal, abandonarlo por rencillas y competencias internas, de intereses personales y familiares, creyendo equivocadamente que con sus salidas, comparativamente similares a las hojas caídas de árboles, erradican la existencia del pensamiento liberal, ilustrativo y combativo en la defensa de los derechos humanos y sociales. El Partido Liberal se fundó en 1846 por el general Santander en Ocaña, Norte de Santander, por sus diferencias con el libertador Simón Bolívar. Pero a su interior se reflejan dos lineamientos, los liberales de convicción y de estómagos, siendo estos últimos inestables, bandeándose de un lado para otros. Mientras los de convicción son más consecuentes, resistentes y luchadores.

La nueva ola del liberalismo salta como canguros colgándose entre ramas, sin tener la mínima noción educativa, relativa a conocimientos e informaciones, relacionadas con antecedentes históricos registrados por nuestros antepasados próceres y líderes liberales. Igualmente carecen de planificaciones en proyecciones expresadas y materializadas con lealtad ideológica política, diferente a las actitudes y comportamiento prostíbulos, negociándose o vendiéndose sin rescato como artículos o productos mercantiles, por conveniencia o revanchismo pendiente por desquites rencorosos.

La perpetuación de los partidos políticos no pueden depender de quienes los ultrajan, desprecian y abandonan o lo llevan al garete, transitando con direcciones torcidas, sin luces, pitos, ni frenos, corriendo el peligro de estrellarse o escoñetarse para refundirlos en el archivo de la ignominia

El Partido Liberal no es propiedad privada de nadie y es único, en la historia nacional fundaba universidad para conservar e innovar la dinámica del pensamiento político ideológico, formando líderes. Universidad Libre de Colombia, que nació sin ser pública ni privada bajo el mando de la Iglesia Católica, durante la guerra de los mil días por los generales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, iniciando sus labores a principio del siglo XX en Cali, seguidamente se abrió sede en Bogotá, nombrado como el primer rector a Luis Antonio Robles guajiro de origen camaronero, en cuyo ejercicio fue objeto de amenazas de la Casa Blanca, de Estados Unidos, pidiendo al gobierno conservador de aquel entonces, la intervención del Estado, ordenando el cierre de la Unilibre.

El pensamiento liberal no morirá conjuntamente con aquellos que llegaron a su máxima expresión en su vida política, al estilo oligarca, pegado a la tetas del estado. Renacerá por sus propios medios del destierro en que los ha colocado de manera indigna los que se han usufrutuados, beneficiado y manchado el trapo rojo de corrupciones y perversos crímenes ejercidos para los enriquecimientos ilícitos particularizados, de quienes han degenerado las practicas doctrinarias.

En anécdotas de hechos partidistas, los liberales fueron los primeros en constituir lucha de guerrilla en el territorio nacional para enfrentar a los conservadores, que querían acabar con los liberales e implementar una hegemonía que le permitiera ejercer dominio total en el territorio nacional, persiguiendo a los liberales rebeldes que rechazaban los abusos y arbitrariedades, no tocándole otro remedio que atrincherarse y defenderse a sangre y fuego.

El liberalismo no ha operado homogéneamente por culpa de algunos individuos que practican un liberalismo conservador, son elitistas, robándose derechos que no ha dejado de generar constantes divisiones, una de ella el pacto del Frente Nacional, liderado por la familia Lleras, (Camargo y Restrepo), en representación del liberalismo con la familia Ospina y Gómez, por el Partido Conservador, en la que se fraccionaron los luchadores, entre quienes continuaron con las armas defendiendo al pueblo y los burocráticos, que acordaron dividirse los poderes, entre el 50% de todo lo que se generara en las tres ramas del poder público, alternando la presidencia por cuatro periodos, que concluyó con el presidente Misael Pastrana Borrero.