El paseaíto y el pasebol

El pasebol es una rama frondosa, un taxón del árbol vallenato, cultivado con esmero en las viejas sabanas de Sucre y Córdoba. Incluso, los estudiosos de la música sabanera, defienden que paseaíto y pasebol son especies desligadas del género vallenato, con código de barra made in exclusivo de esa comarca.

Lo cierto es que taxonómicamente, independientemente de quien tenga la razón, esas dos especies (paseaíto y pasebol) son inseparables genéticamente, por lo dicho, del género que toda la nación colombiana y el mundo entero reconocen como música vallenata.

La misma preocupación fue tema de la columna El Paseaíto y el Pasebol: ¿parientes perdidos del Vallenato? (15/07/2016), del investigador guajiro Abel Antonio Medina, quien en uno de sus apartes escribió: “A esta altura de la sustentación, tendría que plantear que en mi modesta opinión, tanto el paseaito como el pasebol no son géneros musicales sino formas del subgénero vallenato…”. Entiendo que Abel Antonio y yo estamos 100% de acuerdo, la diferencia es que él llama “parientes perdidos” a lo que yo le digo “hijos expósitos”; y a lo que él llama “subgénero” vallenato, yo llamo “especie”. También estoy de acuerdo con esta reflexión del paisano Medina: “A los puristas vallenatos, hay que recordarles que hay consenso en que el paseo nació del son, y eso no lo separa del vallenato y nunca lo han rechazado. Es muy probable que a su vez, la puya haya derivado del merengue que también es de compás terciario. ¿Por qué entonces, las nuevas formas que han nacido del paseo no han recibido el “aval” legitimador del establishment?”

De otro lado, quiero expresar que también estoy de acuerdo con mi entrañable amigo y querido paisano Félix Carrillo Hinojoza, escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural pro Premio Grammy Latino para el vallenato, cuando dice en su reciente columna ‘Sí es cierto, pero no es verdad’, El Pilón, 23 junio, 2019: “Por eso Valledupar reclama sin decirlo y en eso todos hacemos fila de sólido respaldo, en cuanto al tema del Festival de la Leyenda Vallenata. Si este evento no se construye en la Capital mundial del vallenato, como la denominó el hombre de teatro y radio ya fallecido Héctor Velásquez Laos o El Vaticano del vallenato, como la bauticé, la historia de nuestra música fuera otra.

No olvidemos que lo hecho por ese evento fue nada menos que un reordenamiento cultural, alrededor de una música provinciana que poco o nada valía, dispersa en todo el Magdalena Grande, lo que es hoy el Magdalena, Cesar y La Guajira”.

Y por supuesto, con esto también: De lo que sí estoy seguro es que no es cierto ni lo será jamás que para concursar en nuestro evento cultural haya que recurrir a introducir a más de nuestros cuatro ritmos, el paseaito, el pasebol, la guaracha o la charanga, el porro, la cumbia y la gaita.

Pero en esto, mi entrañable Félix, si no estoy de acuerdo: “Es necesario advertir que nuestros bisabuelos, abuelos y padres nos enseñaron que esos cuatro ritmos y tres instrumentos eran los fundamentales para alegrar a una Nación”.

Me parece hermano Félix, que nuestros bisabuelos son los negros cimarrones que esparcieron sus ansias libertarias y su melancolía por todas nuestras comarcas. El Vaticano no puede excomulgar a algunos de sus hijos, está bien que no los ponga a concursar, pero no los puede tirar a la calle expósitos, ni como apócrifos espurios, ni herejes que deban ser quemados en la hoguera de la Inquisición vallenata.