El peligro de un ridículo

Cada cierto tiempo nos cansamos del statu quo que nos gobierna y obramos en consecuencia. En ocasiones la variación resulta para bien, otras veces, la tragedia puede llegar; sobretodo cuando fruto de nuestra osadía de querer cambiar, se consigue la elección de personajes abyectos, que en cada paso exudan ignorancia e incitan al odio.

La ciudadanía por antonomasia es pacífica, si tienen la opción, prefieren mantenerse en su burbuja de tranquilidad; tratan de que las externalidades no los toque y trabajan para ello; no obstante, cuando tienen la oportunidad, saben activar los detonantes que ponen a tambalear a la democracia, paradójicamente en aquel momento de libertad absoluta que se otorga a través del voto. Finalmente es una oportunidad para manifestar sus sentimientos de frustración y desprecio por el sistema que los somete.

La estratagema que se utiliza de forma usual, es escogiendo una de las siguientes alternativas: No votar, vender el voto o escoger el ridículo. Esta última, se refiere a procesos electorales en los que aparecen personajes como de ficción, con tintes caricaturescos, que con claridad representan un tiro al aire al sistema.

“Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, es una frase que bien podría describir ó justificar lo que nos ocurre cuando se selecciona el ridículo, aunque también podría ser el “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. Cuando estamos tan golpeados por el sistema, el cual nos parece abusivo, corrupto y poco confiable, termina por no importarnos que todo se derrumbe. Lucho, el concejal lustrabotas de Bogotá antes, o Chávez- Maduro en Venezuela, Bolsonaro en Brasil ó Trump en EEUU, ahora, son claros ejemplos de ello. La gente los escoge pensando que no tienen nada que perder, pero sí una estocada que asestar.

Con ese tipo de decisiones electorales se busca hacer daño, es una especie de venganza para con el régimen que tanto nos ha exprimido. Escogemos un disruptor para que acabe, o arrase con lo poco que queda, pues creemos que los desafueros de esos gobernantes sui generis, son un chiste que nunca nos haría daño directamente. Pero la realidad es otra…

Estos son los titulares de hoy en: Estados Unidos, “en época de pandemia EEUU decide congelar los pagos a la Organización Mundial de la Salud –OMS– y recorta los fondos federales para la atención sanitaria y la investigación de enfermedades infecciosas”. Venezuela, “Human Rights Watch (HRW) y la Universidad Johns Hopkins, denunciaron al gobierno bolivariano por esconder las cifras reales de casos y señalaron que las víctimas mortales son por lo menos 30.000”. Brasil, “…Brasil es el segundo país del mundo en infecciones (solo detrás de EEUU) y el tercero en fallecidos tras EEUU y Reino Unido”. Etc., etc.

Autoritarismo, muerte, asolación, abandono, es el resultado de los tiros al aire en las urnas. La posibilidad de que el proyectil nos caiga a nosotros mismos, es inminente. Debemos entender que las elecciones no se hicieron para castigar, se hicieron para elegir a nuestros representantes. Cuando no votamos, vendemos el voto o votamos por el ridículo, le damos la espalda a la democracia; lo único que realmente la hace brillar, es la determinación de nominar a conciencia a quien creemos puede representar mejor los intereses de todo un pueblo.