El periodismo joven

Ingresar a una Facultad de Comunicación Social y Periodismo es el primer reto que nos trazamos muchos de los que hoy estamos ejerciendo esta apasionante profesión, que implica tener, no sólo creatividad, sino además entrega, perseverancia, responsabilidad, compromiso y por qué no, sacrificio.

En la academia aprendemos algo de historia, cómo redactar una noticia, cómo titular, cómo hacer un programa de radio, cómo pararnos frente a una cámara de televisión, es decir, obtenemos las herramientas, que bien aplicadas diariamente actualizada, nos permitirán ejercer este, oficio para algunos, con mucho profesionalismo.

Pero al dejar atrás las aulas de clase nos empezamos a “enfrentar” de verdad con el mundo de los medios de comunicación o del ejercicio de la comunicación organizacional, un mundo, para que el que quizás, no fuimos preparados.

Afrontar un mundo en el que día a día se cierran los espacios para los comunicadores, es una tarea realmente difícil, o en la que se valora al comunicador como lo que realmente es, es algo tan complicado como demostrar en las organizaciones que la labor de ser Jefe de Prensa es nuestra y no de los administradores de empresas, trabajadores sociales, psicólogos o porque no de los gerente.

Y en los medios de comunicación la tarea es igual o quizás más difícil, pues nos preparamos para entrevistar, improvisar, redactar crónicas, hacer reportajes, pero no para comercializar espacios o vender publicidad, y el mercadeo fue para algunos de nosotros una materia más, no la perfección escogida.

Derribar todos estos obstáculos y subir un escalón más, no indica que podemos empezar a ejercer esta linda profesión que nos permite estar en contacto frecuente con la gente, vivir actualizados, informar, compartir experiencias, anécdotas, conocimientos e igual recibirlos.

Ser periodista en ejercicio implica estar contra el reloj porque se llegó la hora de salir al aire y el informe aún no está listo, es la hora del cierre de edición y la página no está completa, se debe salir ante cámaras y el invitado aún no llegan. Los nervios son quizás nuestros eternos compañeros, aquellos que los más antiguos en la práctica de periodismo ya no sienten porque su experiencia hace rato lo dijo atrás.

Esa experiencia que a diario buscamos adquirir pero que sólo conseguimos gracias a esos veteranos del periodismo que nos permiten aprender de ellos, con sus anécdotas, con sus regaños, con sus presiones, con sus consejos. Y es que la unión hace a la fuerza, somos un complemento del que sólo se benefician los oyentes, televidentes o lectores. Nosotros aportamos ideas nuevas y ellos las aterrizan cuando por cuestiones de nuestra inocencia profesional volamos un poco alto.

Todos cabemos en este mundo de las comunicaciones: jóvenes, maduros, experimentados, primíparos; simplemente debemos ganarnos no sólo el espacio, sino además el respeto y la lealtad.

Aunque debemos aclarar que ser un periodista joven, no sólo en edad sino además en experiencia, nos exige demostrar varias cosas a diario. Por ejemplo en las entidades debemos dejar muy claro que no somos los de logística, lo de las celebraciones de los cumpleaños, los encargados de llevar el video beam; debemos día a día ratificar que somos los encargados de la comunicación organizacional.

Y es que no ejercer en un medio no indica que ya no somos comunicadores o periodista, lo que esto demuestra, es que nuestra profesión es tan linda y de tantos matices que nos permiten movernos por diferentes frentes, dejando plasmado en cada lado de la cancha en el que estemos, que respetamos y valoramos lo que diario hacemos.

Lograr tantas cosas a la vez, sólo es posible si amamos de verdad nuestra profesión, respetamos a quienes están al otro lado como receptores, y valoramos enseñanza de nuestros antecesores.

Ahora, pensándolo bien, si todo esto lo enseñará en la academia no disfrutaríamos tanto nuestra profesión como la hacemos desde aquel día que decidimos serlo.