El Petro que veo

Más allá de los amores y odios que despierta, lo cierto, es que Gustavo Petro le ha dedicado su vida a la patria. Merece su candidatura presidencial, ha trabajado arduamente por ella y gran parte del país se lo reconoce y lo acompaña.

Es un candidato de tiempo completo, muy activo en Twitter, que se ha convertido en la herramienta predilecta de los políticos, quienes le sacan el máximo provecho, aunque también, en ocasiones, aparecen en sus cuentas unos que otros mensajes contradictorios, de esos que comúnmente surgen, por ejemplo, de la intrepidez que producen unas copas demás.

El hombre de la Colombia Humana tiene un enorme desafío por delante, nuestro país sigue siendo de maquinarias proselitistas y politiqueras; el voto de opinión que ejemplarmente surge en Bogotá, no logra descentralizarse al resto del territorio nacional, en consecuencia un candidato sin una estructura política robusta, podrá hacer muy poco en procura de sus objetivos.

En el caso de Gustavo Petro, el panorama se exhibe complejo, pues su movimiento político se reduce a él mismo. En los territorios la Colombia Humana es una ficción, no hay plataforma ideológica clara; como hormigas arrieras emergen sus militantes en tiempos electorales solo para votar por su cabecilla. Tampoco se evidencia una apuesta que haga seguimiento y se preocupe por la generación de nuevos cuadros, y mucho menos, que se ocupe de manera propositiva de los contextos territoriales. El tema es de este tamaño, sin Petro, no existe la Colombia Humana.

Además de lo anterior, Gustavo luce muy cómodo con sus convicciones representando a un sector de la sociedad. Digámoslo con claridad, también pesca en río revuelto, pues muchos terminan acompañándolo, por el solo hecho de encarnar la alternativa más opuesta al sector extremo de la derecha. Quizá por ello, no muestra preocupación por el ideal de unificación del país. Su verbo confrontante no invita al diálogo, todo lo contrario, profundiza heridas con sus opositores y esa actitud la trasmite a sus seguidores, quienes se muestran cada vez más intolerantes frente al que piensa diferente.

Me gusta su discurso por los más necesitados, sus propuestas económicas, el valor que le da al agro, su preocupación por el medio ambiente, su honestidad, su lucha contra la corrupción; pero ojalá pueda entender que estos, no son tiempos de caudillismos, son tiempos de democracia, y que esta, solo se fortalece con partidos políticos firmes, que tienen idearios por desarrollar en el corto y largo plazo.

Pero bueno, Petro es un político avezado, seguro nada de lo que aquí planteo resultará ser una novedad para él y su equipo de trabajo, sin embargo lo exhorto, para que piense muy bien cada paso que dé, pues el principal activo de cualquier político es la coherencia, no se puede hablar de democracia y no honrarla, no se puede hablar de renovación, de una nueva forma de hacer política, y al tiempo ejercitar las mismas prácticas de la política tradicional. Las alianzas con el diablo siempre serán muy costosas.