El ‘profeta’ Jonás del Siglo XXI

tuve la oportunidad de leer y aprenderme de memoria, en la asignatura Historia Sagrada, un tema religioso basado en un pasaje bíblico referente a que en el año 612 antes de Cristo, una ballena se había tragado vivo al profeta Jonás, el cual había permanecido en su vientre durante un lapso de tres días, al término de los cuales había sido vomitado incólume muy cerca a las costas de la ciudad de Nínive, debido al simple hecho de haber desobedecido una orden divina referente a la inminente destrucción de esa ciudad, localizada en la antigua región de Asiria, en la margen oriental de río Tigris, en el continente asiático y perteneciente en la actualidad a la población de Mosul, que es actualmente la tercera ciudad más poblada de Irak.

En aquel tiempo, consagrado a la inocencia infantil, me tocó tragármelo enterito y sin masticarlo, ante la creencia de que se trataba de una realidad fáctica, tal como quizás debieron tragárselo mis demás compañeros de curso.

Resulta que la ciudad de Nínive en ese entonces estaba sumida en los vicios de la concupiscencia, de las orgía, de la corrupción y de muchos otros males habidos y por haber. En consecuencia, Dios le ordenó al profeta Jonás que viajara allá, vía marítima y pregonara que si todos esos excesos no fueran corregidos, Nínive sería destruida dentro de 40 días. En el trayecto, el comisionado intentó tomar otro rumbo, a fin de no cumplir la orden. En ese momento se presentó una horrible tormenta y, por consenso de la tripulación del barco, fue lanzado al mar, siendo ese el momento en que fue engullido por el enorme cetáceo y trasportado en su vientre al destino correcto. Allí la comunidad fue obediente a su prédica, todo volvió a sus cauces normales y Nínive no fue destruida, sino 150 años más tarde, al reincidir en aquellos excesos. 

Este mes la televisión internacional sorprendió a más de medio mundo al difundir una historieta similar a lo sucedido a Jonás con la ballena. Un buzo alemán, de nombre Rainer Schimpf, estaba intentando fotografiar a un tiburón en la Ciudad del Cabo, África del Sur, cuando fue engullido por una enorme ballena, siendo expulsado poco después en una playa. Lo que no deja de ser una enorme pinochada, por lo siguiente: dentro del vientre, debió morir asfixiado, puesto que ningún ser humano es capaz de aguantar más de 3 minutos sin respirar; la estructura anatómica del esófago de ese animal no permite el paso por allí del cuerpo de un hombre, sino de plánctones y cardúmenes de sardinas, que es su alimentación preferida: por otra parte, cualquier ballena que intente llegar a la playa, encalla de inmediato.