El ser humano postcovid

Después de la epidemia, de la desesperanza, de la muerte, se tiene la convicción segura que el ser humano debió de haber cambiado, modificada su conciencia, y reformado su proceder. Puede ser que efectivamente esto pueda suceder. Algunos aseguran que nada será igual, que no regresaremos a la normalidad. Si, los hechos producidos por el Covid pueden haber generado un nuevo tipo de ser humano. Los más optimistas hablan que el ser humano tomó conciencia de su fragilidad, se volvió más humano, más solidario y más espiritual, reconoció la majestad y la voluntad de Dios, o para quienes no reconocen la existencia del creador por lo menos despertaron sus valores y conductas fraternales. 

Ese nuevo ser humano no es consumista, se esforzará más en construir, servir y dar. Ese ser humano volverá a su esencia y se despojará de los valores equivocados y vacuos. Con este ser humano es posible construir una sociedad mejor. De esta manera la epidemia habrá servido para limpiar los pecados individuales y colectivos de la humanidad. La pandemia de esta manera habrá cumplido su misión de purificar al ser humano, hacerlo más reflexivo, con compromiso ambiental y conciencia social.

 De esta manera debemos agradecer al Covid su aporte al mejoramiento de la especie humana, ello equivale a aprender con dolor, como muchas escuelas lo han enseñado y aún lo enseñan. La verdad es que no es fácil aceptar que esto sea así, cuando mueren nuestros familiares, nuestros seres queridos, nuestros amigos y muchos seres que sin conocerlos nos llenan de tristeza y de dolor. ¿Será verdad que necesitábamos una reprimenda? No me atrevo a contestar esta pregunta. 

Se la dejo al lector. Es una reflexión necesaria. La respuesta es problemática y de difícil solución. Se debe socavar muy profundo, indagar que hay en nuestra masa cerebral, y entender desde lo psicológico y desde lo psiquiátrico, para saber cómo seremos. De esta manera, hará efectiva sus aplazamientos, sus penalidades, su sumisión, y lo costoso de su encierro. Por lo tanto, creo en el regreso de un ser edénico, que buscará maximizar su placera toda costa, no le importaran sus pasivos, se aventurará en empresas sin cálculos, ni certezas, y adoptará la convicción profunda que “la vida es un baile” reiterada en los viejos acetatos.

 De pronto seguiremos la propuesta del último poema de Borges: “Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más, sería más tonto de lo que he sido, de hecho”. Luego me aventuro a dar la bienvenida a una sociedad de “tontos”.