El síndrome que nos frena

Existen cuatro clases de mentes: las inteligentes, las normales, las mediocres y las de los loros. La mente inteligente viven en continua ebullición de producir ideas brillantes e innovadoras; las mentes normales son las que actúan permanentemente sobre el día a día, las mediocres son aquellas que viven pendientes de los  demás, no para construir si no para destruir y la de los loros que se encargan de repetir y repetir y no sabe lo que repite.

En nuestra guajira las mentes mediocres le han hecho mucho daño a la península, de ahí el de subdesarrollo en que vivimos, las pasiones culturales que nos tienen ensimismados en el atraso y los que viven en la política pendiente del error del otro para caerle con todo, con odio y sevicia y su resentimiento  no hacia los ideales – ¿Cuáles ideales? si aquí no tenemos – si no hacia las personas. ¿Pero qué nos está pasando? ¿Por qué nuestra guajira no es unida? ¿A qué se debe el retroceso? Este es el análisis que hago y en el que muchos confluyen con mi criterio.  ¿Que nos está pasando? ¿Por qué de las consejas y de las veleidades  en cada esquina de los guajiros, que en nada son útiles? Antes por el contrario, los comentarios son malintencionados, fuera de foco, juicios a priori, juicios destructivos y nada constructivos.

Parece que el gorgojo de la envidia ha proliferado a todos sus habitantes. Y el decir de muchos que en la mayoría de los casos, ningún guajiro habla bien de otro guajiro. Aquí nadie puede tener prosperidad o ocupar un cargo importante. Las diatribas vienen como en la guerra, por todos lados. Aquí se sufre más por el bien ajeno que por el mal. Y ahí es donde La Guajira ha tocado fondo. Necesita con urgencia un exorcismo para ver si el odio, el resentimiento y la malquerencia desaparece de nuestros corazones.

Aquí en este bello pedacito de patria se vive de puro existencialismo y de puro materialismo, lo espiritual casi es un espejismo. De ahí en parte la raíz de nuestros males seculares. Si nos acercamos más a Dios, el cambio sería inminente. El amor lo cambia todo y endulza nuestros corazones. Pero la raíz de amargura y la insensatez de todos nosotros nos tienen al borde del abismo. Por eso en esta sección del país  se aplica el famoso silogismo del efecto cangrejo.

El que desea sobresalir de manera limpia y transparente, con su intelecto, con sus dones, con su productividad, con sus finanzas, el otro lo ataja y no permite que salga adelante. Es la filosofía del mediocre. Si yo no puedo hacer tal cosa, el otro tampoco es merecedor de ello. Casos y cosas de la vida real. El macondo de cien años de soledad del laureado premio Nobel Gabriel García Márquez, no es producto de la imaginación es producto de la realidad y esa realidad macondiana es La Guajira.