El sínodo episcopal acerca de la Amazonía

El pasado domingo 27 de octubre, el Papa Francisco clausuró en Roma el Sínodo que abordó la temática humana y ecológica de la cuenca del Amazonas. El Sínodo coherente con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, con las varias intervenciones en este sentido de los Pontífices y la última encíclica “Laudato si”, afrontó dos situaciones, por demás necesitadas de una intervención pontificia.

La primera: hay en el mundo una minoría de personas que conforman el mundo “indígena” y tienen necesidad de ser protegidos de la voracidad de los poderosos y aún de Estados inconscientes. Estas comunidades pierden su espacio de tierra, llamada “reserva”, de esta forma son expulsados de los territorios donde viven hace miles de años, viviendo ancestralmente con su propia cultura. El Papa Francisco y cuántas organizaciones mundiales promueven agudizar la conciencia responsable para hacer un frente común de defensa.

La segunda: desde hace ya varias décadas, la comunidad científica del mundo viene avisando de la grave situación que compromete al planeta y a la familia humana si no se ponen los medios para afrontar el calentamiento global. Se han celebrado cientos de congresos para analizar la explotación del hombre sobre la tierra, los efectos cada vez más sensibles, en los que se observa el rápido avance del calentamiento. El Papa asesorado por la misma sociedad científica se apersona como Jefe de la Iglesia Católica para afrontar desde sus posibilidades el calentamiento y apoyar el esfuerzo para aminorar, frenar y hacer desaparecer el peligro, cuasi inminente que se prevé sobre las generaciones venideras.

Este Sínodo ha sido uno de los más seguidos por la opinión pública mundial, creando como era de esperar, criterios dispares. Hay quienes aprueban la iniciativa del Papa, pero existen voces divergentes a quienes no les parece bien la protección de las comunidades indígenas y respecto al calentamiento, opinan que son exageraciones de la comunidad científica como del Papa. Estas posiciones contrarias no solo provienen de Estados, de agrupaciones humanas, sino del mismo seno de la Iglesia Católica, que son las más lamentables.

Respecto a la actividad pastoral de la Iglesia a favor de comunidades indígenas, hubo en el sínodo voces acerca de ordenar sacerdotes a varones casados; de ordenar a mujeres y aún de crear un rito eucarístico especial. Amén de otras iniciativas. Todo ese rico material y las abundantes propuestas, quedan, en primer lugar, a la autoridad, criterio y magisterio del Papa Francisco y también para el estudio concienzudo de los organismos de la Iglesia en el Vaticano.

Los dos temas básicos tratados serán propuestos por el Papa dentro de unos meses, mediante la exhortación apostólica, que consiste en la exposición doctrinal oficial de la iglesia católica, en base al texto elaborado por el sínodo. La toma de posición del Papa será la que reciba la opinión pública y la que han de observar los católicos. ¿Cuáles serán las reacciones? ¿Cómo será recibida esa exhortación apostólica dentro y fuera de la Iglesia?

De todas formas, el mencionado y concluido sínodo queda para la historia y será punto de referencia para el próximo futuro. Tengamos en cuenta que la iglesia católica no es una comunidad humana presidida por el Papa, sino que es el nuevo Pueblo de Dios dirigido por el Espíritu Santo, Él es quien, en definitiva, protegiendo su pueblo, nos mostrará el camino a seguir.