El suicidio cultural afrodescendiente en La Guajira

Por Edgar Peralta

La llegada de nativos africanos a suelo colombiano se remonta aproximadamente entre finales del siglo XV y principios del XVI, inicialmente con contrabando de Jamaica y Curazao. Posteriormente oficializaron su llegada para el buceo en explotaciones perlíferas y luego en labores agrícolas, los primeros establecimientos fueron Nuestra Señora de los Remedios del Cabo de la Vela y Nuestra Señora de los Remedios del Río del Hacha.

Las rebeliones de los denominados cimarrones dieron origen a los palenques y rochelas, destacándose la Ramada en lo que hoy es Dibulla y Nueva Troya en la vía Riohacha Maracaibo, se consolidaron tres zonas de proliferación de la población negra el cinturón alrededor de Riohacha, el eje Maicao – Hatonuevo, Barrancas y el eje Fonseca – San Juan del Cesar.

Con el transcurrir del tiempo la población negra se reprodujo y las relaciones interraciales dieron origen a una población afrodescendiente con una destacada incidencia en el devenir histórico de Colombia por mencionar entre otros: el liderazgo del Almirante Padilla en las gestas libertadoras, cultores de la música vallenata, el ‘Negro’ Robles primer afro en llegar al congreso, la ancestralidad guajira de Gabo, Arnoldo Iguarán.

Un estudio de caracterización de la población guajira realizado por ‘Cerrejón – Fedesarrollo 2019’ muestra la distribución de la población guajira por etnias indígena 44,94%, afrocolombianos 14,82%, sin pertenencia étnica 40,24%, cifras extraídas de fuentes censales del Dane. Existe un problema de autoreconocimiento como negro o afrodescendiente que invisibiliza la realidad étnica de la población guajira.

La mitad de la población no se identifica con su pertenencia étnica y por ende su ancestro cultural. El conjunto de oficios y saberes de la cosmovisión afro americana entró en desuso configurándose un suicidio cultural y paralelamente se realiza una apropiación cultural indígena con la intención de usufructuarla y aprovecharse indebidamente de ella, especialmente en el uso ocasional en eventos sociales de algunos atuendos y accesorios, un actuar negativo para las dos etnias.

La formulación de política pública se sustenta erróneamente en el concepto centralista de minorías étnicas, catalogando de minorías a los individuos de las dos etnias mayoritarias que habitan el Departamento, al planificar para una raza caucásica inexistente, conlleva a la ejecución de políticas de bajo impacto social en la población demandante.

La recuperación y conservación de los saberes ancestrales fortalece el tejido social y repercute positivamente en la calidad de vida de las comunidades, en otras regiones de Colombia sus pobladores asumieron su identidad étnica, se apropiaron de su legado ancestral construyendo una identidad cultural, el abandono estatal fue convertido en estandarte de lucha por la reivindicación social.

La Guajira debe dar un viraje, la política debe dirigirse a reconocernos como un pueblo indígena y negro, estimular el autorreconocimiento, reconstruir la memoria histórica, formular los planes de recuperación y salvaguarda de la cosmovisión afrodescendiente y desde esa óptica reformular la política pública.