El sutil arte de gobernar las emociones

Cuando me golpeaba, pequeña, mi mamá me sobaba y me decía “Ya, ya hija, eso es pa’ crecé”. Ahora, yo lo digo cuando alguien que está en proceso llora, porque le golpeó la vida, y le explico por qué el bendito sufrimiento, es necesario para madurar.  “Crecer duele”.

Hoy puedo ver el trabajo consistente que ha hecho la vida conmigo. He crecido. En estos días un ser extraordinario me decía: “parece que has logrado ayudar a muchos y a la vez aprender, crecer, ayudarte tu misma… enseñando lo que más necesitas con aprender!”.     “Creo que sí, siempre damos lo que más necesitamos. Respondí.

Muchos años busqué una respuesta existencial, la encontré cuando conocí al Espíritu Santo.  Comprendí que madurar es saber que mi espíritu (depósito de principios y sabiduría divina) tiene el poder para gobernar el alma (depósito de pensamientos, sentimientos, emociones y voluntad humana). “Las vivencias alimentan el alma, Dios con su palabra, el espíritu… es sabio entregarle el control a Dios,  y difícil”. Mencioné.   “Hablando de eso, alguien dijo… nosotros no estamos haciendo nada… a nosotros  nos están haciendo”.  Comentó mi amigo.

Fuimos diseñados para construir con el que nos creó a su semejanza. El equilibrio de nuestras vidas requiere un gobierno colegiado entre Dios y nosotros.  Él marca un destino, traza el diseño, entrega los principios eternos, pone las bases.  Nosotros operamos en la naturaleza divina que nos fue dada y edificamos seguros, u operamos en la naturaleza humana, sin las bases, a tientas, prueba y error; o está la tercera opción, a ratos con Dios, a ratos sin Dios. Es la más frecuente, es la infinita búsqueda.

Somos humanos con semejanza divina y es nuestra elección operar más en lo humano o lo divino.  Fuimos dotados de alma y espíritu, éste, está correcto, el alma divaga entre recuerdos y esperanza.   Con frecuencia quedamos atorados con asuntos no resueltos y a veces resolver es aceptarlos; asumir que hay una canción disonante en el alma, pero hacemos sonar otra tonada, la bailamos, y seguimos felices; ubicando cada sonido dónde corresponde. La disonante sonará mil veces más, quizá un día deje de hacerlo o no.  Eso es vivir. A veces canta el canario, a veces el faisán, lo importante es que haya música en el alma.

“Entiendo instintivamente cuando hablas de la disonante canción que calladamente mantiene su frecuencia…o del asunto que el tiempo pretende olvidar pero se rehúsa tercamente a ser ignorado.   Una pregunta que lanzó la vida pero que no encontró respuesta …  Sin embargo la respuesta existe… en otro tiempo o en otra dimensión… dentro del corazón de Dios… donde se pueda creer en ella”.  Dijo intuyéndome.

Cuando me pregunto el porqué de esos pendientes del alma, solo encuentro una respuesta: “Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano, aún así el ser humano no comprende todo el alcance de Dios desde el principio hasta el fin”. Ecles. 3:11

De las  emociones y  los sentimientos,  sé que se me dio gobierno sobre ellos, no a ellos sobre mí. Se que no puedo elegir que lleguen, pero si cuándo se tienen que ir. A depredadores como: dolor, sufrimiento, celos, miedo, autocompasión, yo decido si los dejo y hasta cuándo.   Los motivadores: euforia, alegría, ilusión, esperanza,  anhelos, sueños, etc., quedan bajo vigilancia, nada de ilusionismos mágicos que después se convierten en pena. 

Paz, justicia, felicidad y gozo: sin condiciones, tienen hospedaje permanente,  sujetos al gobierno del poder, el amor y el dominio propio.  El poder: infunde valor, esfuerzo, energiza y empodera.