Elegí ser boba o feliz, es lo mismo

En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, imborrables momentos que siempre guarda el corazón… Escuchaba  en mi mente mientras el avión carreteaba para despegar. Pensaba en lo vacía que pudo ser mi vida si hubiese optado por un sistema de pensamientos catastróficos y no el que elegí, un sistema de fe inconmovible, en Dios primero, en mí después y luego en los demás.

Un día conocí un joven caballero, apuesto, de verbo locuaz, se presentó como un hombre atractivo al que las mujeres buscaban porque tenía carro y buen salario. Cuánto vacío, pensé.

Durante la jornada de 5 días intensivos de felicidad, llevaba a mi escritorio de instructora una barra de chocolate después del almuerzo para conversar. Un día me dijo: “Yo soy malo, he hecho sufrir a muchas mujeres, no fui capaz de consolidar un hogar, tengo 3 hijos con dos mujeres, no los crío yo…soy un desastre, me da asco quien soy”.  Yo no sabía en el momento porqué le respondí: “Yo no veo un hombre malo, veo un hombre equivocado, pero arrepentido. Los hechos, muestran lo que has hecho, tu consciencia de ello, revela el hombre que quieres ser”. Afirmé.  ¿De verdad Noralma, no soy malo? Preguntó con los ojos asombrados. “De verdad, no eres malo, te has equivocado, nada más. Tu puedes elegir seguir sintiéndote culpable y asqueado de ti, o darle un giro a tu vida y ser quien quieres ser”. Dije. ¿Eso es posible? ¿Cómo puedo hacerlo? solo se embarrarla”. Confesó “Claro que sí, es cuestión de elegir correctamente”, aseveré.

Yo pude haber elegido sentirme una pobre y desgraciada criatura que nació para ser rechazada desde el vientre,  por sus propios padres, o encontrar razones para que en el alma me canten canarios, no lechuzas. Le inferí, mientras le contaba un poco de mi vida.

La conferencia de esa tarde la titulé, El Poder de Elegir. Les conté un poco de mi “aunque para muchos esa es una actitud de “boba” jamás me he sentido así. Me dicen boba porque  elegí no pelear con nadie, no apegarme a nada, no dar batallas que no dejen recompensa, no guardar rencores, no odiar, no ofenderme en vano, y si alguien tiene el poder para ofenderme, porque lo amo, elijo perdonar, sin que me lo pidan, y efectivamente lo hago.

También es nuestra elección crecer por dentro.  Aprendí a valorarme y valorar, respetarme y respetar en la misma medida, elegí dar y recibir, sembrar y cosechar. Sé lo que valgo y merezco y creo que eso valen y merecen los demás, aprendí a ser más bonita que bella y a ayudar a los demás a sentirse igual.

“No es fácil cuando llevas 34 años fallándole a los demás”, me dijo el caballero con los ojos anegados, “ya perdí la cuenta de las veces que le fallé a mis padres, a las dos mujeres con quien he vivido, a mis hijos, consumo licor y mujeres para sentirme mejor y me siento peor, doy asco”.

“Puedes elegir autoflagelarte eternamente, o determinarte a escribir una nueva historia donde seas el protagonista, el que elije qué y cómo ser. Todos vinimos con un propósito, descubre el tuyo”. Lo insté.

Una tarde recibí un hermoso poema; la visión de una batalla vívida entre piratas y cimarrones, entre el Parque de los Cañones y el mar, realmente bueno.  Elogié al poeta sin saber quién era,  solo supe que tenía un verdadero escritor al otro lado del Whatsapp.

Descubrió su propósito: las letras escritas y habladas, he corregido docenas de sus poemas, prosas, cuentos, fábulas y estoy corrigiendo su primera novela: Anairu, mientras escribe la historia de su abuelo Vicente. Tiene un club de lectura para niños, con ellos realiza un festival de cuentos hace 3 años, tiene mejor relación con sus tres hijos, ha vuelto su corazón a sus padres y hermanos, está orgulloso de sí mismo, y está estableciendo una nueva relación.

Seguramente volverá a fallar, o le fallarán a él, pero podrá elegir quedarse o avanzar; siempre tendrá la fe suficiente en Dios, en él y en los demás, para empezar de nuevo, cada vez.