En el centenario de Germán Vargas Cantillo

El pasado 22 de marzo se cumplió el centenario del natalicio de uno de los grandes del mítico Grupo de Barranquilla, Germán Vargas Cantillo, quien había nacido en 1919, grupo que conformó con connotados escritores y artistas como Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón y Gabriel García Márquez. Murió en su casa a los 62 años el 22 de mayo de 1991, en plenas facultades mentales e intelectuales, de los cuales 51 los dedicó al mundo literario y cultural.

Fue un hombre brillante en su prolífica existencia. Fue director general del Instituto Nacional de Radio y Televisión (Inravisión) en el gobierno de Julio César Turbay, a quien admiraba mucho porque un hombre que no era de la oligarquía bogotana les había ganado la presidencia; subdirector de la Biblioteca Departamental del Atlántico; columnista diario de El Heraldo, su columna ‘Un día más’ era una de las más leídas en toda la Costa, fue miembro también del Consejo Editorial de la revista del Banco de La República, fue también corresponsal de El Liberal, dirigido por Alberto Lleras Camargo. Fue un liberal de raca mandaca en el sentido más estricto de la palabra, como lo destaca su hijo Darío Vargas Linares.

Corría el año de 1982 y el suscrito había fundado en mayo de ese año la Corporación de Amigos de La Guajira con un grupo de profesionales y comerciantes guajiros residentes en la Arenosa, entre los cuales se destacaban Rodrigo Dangond Lacouture, Guillermo Solano Figueroa, Alfonso Medina Parodi, Isa Abuchaibe Abuchaibe, Samuel Lopesierra Bernier, ‘Jorgito’ Segebre, Édgar Ibarra Ortíz, José Soto Berardinelli, Arnaldo y Hernán Ariza Pinto, Óscar Berardinelli Solano, Jaime y Emilio Moscote Pérez, José Cotes Bruges, Carlos Pérez Almenares, entre otros, que fue la agremiación más importante y aportante que tuvo La Guajira en Barranquilla. Como director Ejecutivo que fungí por 15 años iba a El Heraldo a entregar los boletines de prensa a la dirección general y siempre me los recibía ‘Maruja’ Abello, secretaria de Juan B. Fernández R., director general de El Heraldo para la época.

Uno de esos días de ese año, ‘Maruja’ me dijo que el director quería hablar conmigo. De inmediato me recibió y me sorprendió cuando me expresó que si quería ser columnista de El Heraldo, la alegría para mí fue inmensa. Me puso una condición, que en el primer piso Germán Vargas Cantillo me iba a entrenar de cómo ser un buen columnista. Se imaginan ustedes mis queridos lectores la alegría que sentía en esos momentos y no era para menos, el ofrecimiento del director para ser columnista de tan importante diario de la región.

Así fue, a diario a eso de las 6:30 de la mañana me presentaba donde Germán Vargas Cantillo y como era característico en él, encontraba a un hombre afable, positivo, enemigo de la controversia, con mucho humor y con una disposición para atenderme en el día a día y las clases que me daba de cómo debía ser un buen columnista. Siempre lo encontraba con un termo de tinto y un paquete de cigarrillos piel roja que también compartía con él. Fueron tantas las enseñanzas de mi mentor que nunca las podré olvidar no solo con la pluma, sino sus consejos en la vida personal para ser exitoso en la vida. Le llevaba un texto y lo leía de la manera más rápida y siempre me expresaba que para ser un buen columnista no se necesitan hacer borradores, sino darle riendas sueltas a la mente para expresar lo que tus lectores quieren leer, nada de palabras rebuscadas y mucho menos de tecnicismos, porque el lector no se va a enamorar de ti. Enseñanzas que comencé a aplicar como columnista de El Heraldo en 15 años ininterrumpidos y también como columnista en Diario del Caribe, bajo la batuta de Eduardo Posada Carbó.

Son tantos recuerdos que tengo de Germán Vargas Cantillo y de mi primera casa periodística El Heraldo, así como unos amigos que siempre han sido mis amigos de esa casa editorial: Humberto Mendieta, Leonor de La Cruz, Claudia Cuello Lazcano, Alix López, Jorge Medina, José Granados, Rosario Borrero. En esa época el jefe de redacción era Mauricio Vargas Linares, hijo de Germán Vargas Cantillo. Qué bueno recordar a este gigante de la literatura y de la cultura, mentor de muchos escritores, que se nos fue muy rápido.