En palacio, detrás del trono y en las camarillas del poder

Hay personas que se obsesionan sólo con ser alcaldes o gobernadores de su pueblo, olvidándose que desde otros escenarios también se puede ser útil a los mejores y más caros intereses de la tierra donde se nace. Claro está, si lo que se busca realmente es ser más útil que importante para nuestra sociedad, esto no es lo necesario. Porque cada quien le sirve a su tierra desde la perspectiva de su formación u oficio con las obras de sus manos y sus talentos. Hay quienes no tienen la experiencia, ni la experticia, ni el conocimiento para la toma efectiva de las decisiones en la vida pública, pero ven esto como un lujo y una ostentación de poder. Mientras que, los que hemos estado detrás del trono y en las camillas del poder, vemos la otra cara de lo que realmente significa para nuestros pueblos, llevar personas a ser los mandatarios sin la preparación o, por el contrario, bien preparados.

Hoy la administración pública moderna demanda mandatarios al frente de los palacios municipales o departamentales, con cierto grado de acreditación académica, y, además, con trayectoria y experiencia en el ejercicio de la vida pública. De lo contrario, damos un salto al vacío y caen nuestras entidades territoriales en el ostracismo y la improvisación, y como consecuencia, en el fracaso que viene haciendo carrera en el país. Lamentablemente así son las reglas del juego en la democracia participativa y esto representa, muchas veces, un gran detrimento patrimonial para el estado. Porque a veces se desconoce el régimen de contratación estatal y el proceso de selección objetiva de los contratistas y se infringen las leyes. Otras veces, no se conoce la visión y la misión de la entidad territorial que se dirige y se pierde el rumbo y no se rinde cuentas al pueblo, ni se hace monitoreo, seguimiento, ni evaluación, ni control interno a las políticas públicas y se termina dándole más importancia a lo urgente que a lo importante.

Otras veces, el gobernante termina apartado de lo que realmente es la causa motivadora del gobierno que representa. Hoy vemos afortunadamente a la función pública en la responsabilidad misional de mejorar todas estas debilidades en el país. Con líderes territoriales y capacitaciones permanentes en la implementación del modelo integrado de planificación y gestión, para corregir estos viejos errores. Del mismo modo, tratando de socializar y sensibilizar con los servidores públicos, la conciencia pública de que se deben impulsar y promover entidades territoriales pulcras, eficientes e innovadoras. Entidades que comprendan realmente el valor de lo público, para garantizar los derechos, resolver los problemas y las necesidades de la población. Así mismo, desde el ejercicio de la función como servidores públicos, observamos a la dirección nacional de planeación, como órgano rector de la planificación nacional, disponiendo de herramientas para llegar a los territorios con mucha más eficiencia y eficacia, como el kit territorial de planeación que cuenta con un catálogo de indicadores de bienestar para mejorar calidad de vida en la población. Lenta y gradualmente, desde una perspectiva optimista, pienso que estamos avanzando.

Así mismo, observo la gran labor de la Contraloría General de la República en su compromiso con Colombia, muy comprometida con el control concomitante y preventivo, que permite visionar el daño patrimonial y conjurarlo a tiempo y no actuando de manera posterior como antes. Por lo tanto, hoy las reglas del juego son otras. Necesitamos que nuestra gente se prepare para que la oportunidad lo encuentre preparado. Para que en el futuro tengamos mandatarios y servidores públicos destacados y sobresalientes, y con méritos suficientes, para poner en alto el nombre de la Guajira, apartados de los recurrentes escándalos de corrupción. Contando con mandatarios bien formados en principios y valores, preparados académicamente y con méritos, con trayectoria y experiencia pública, y, además, bien rodeados, con funcionarios de iguales o mejores calidades y competencias, detrás del trono y en las camarillas del poder. Sólo así, cambiaremos la imagen y construiremos reputación y prestigio público para el presente, el futuro y hasta la posteridad. Atrás debe quedar aquello de que el poder público solo lo determina el poder económico, necesitamos funcionarios competentes y mandatarios preparados y con méritos suficientes para enfrentar los retos y desafíos. Así como nos preparamos para las pruebas saber, para ingresar a la U y para acceder a un cargo de meritocracia. Lo mismo, debemos de prepararnos para ingresar a la vida pública.