En pandemia, la educación también cambió

El año 2020 ha sido el año en donde el ser humano afloró sus más íntimos sentimientos, de igual manera, en donde pudo descubrir fortalezas y debilidades en medio de nuevas respuestas y comportamientos ante tantas adversidades; lo mismo ha pasado con las instituciones y sus regentes, lo que ha permitido analizar por parte de los mandantes qué tan acertados fuimos en confiar nuestras necesidades para encontrar las soluciones con los mandatarios.

Creí que debíamos materializar la resiliencia y que el tiempo de reflexión obligaría a priorizar valores que nos ayudarían a construir una mejor sociedad, por ejemplo, el amor a Dios, la integración familiar, el respeto por el disenso, no hacerle a otro lo que no te gusta que te hagan, etc. Pero como los optimistas inventaron el avión y los pesimistas el paracaídas, eso no ha sucedido, aclaro que no me gusta el fracasionismo, pero como sociedad debemos insistir, aprender, cambiar y avanzar, así suene frase de cajón, para tener un bienestar colectivo.

Por lo tanto, es necesario, dentro del cúmulo de temas para conseguirlo, hablar de uno que me apasiona, la educación y más en mi Departamento, en el que tenemos tantos años con el mismo discurso, destacados por ser los últimos en los indi- cadores que miden la educación en Colombia, que la corrupción nos carcome, que carecemos de infraestructura, que faltan profesores, que no hay celadores ni aseadoras, ¡ah!, y que los tan necesitados psicorientadores ya no los nombran para la básica y la media, cuando en los modelos educativos de países desarrollados, éstos son prioridad para garantizar un buen profesional y ser humano. Y si por allá llueve por la universidad no escampa con la discusión si los subsidios son bien cobrados, si el rector me gusta o no, y lo esencial, los estudiantes, que en su mayoría no tienen cómo pagar la matrícula, y quienes tengan, que la paguen, exponiéndose a las manifestaciones o protestas, que sin bien son un derecho, aumentan la polarización.

Pero ‘misa’, ¿qué hacer con este sobrediagnóstico, por qué no descubriste que el agua moja? Bueno, sin discusión alguna lo que falta es voluntad política e innovación en las políticas educativas. Hoy el Departamento está intervenido en educación, pero la intervención no se ha dado cuenta o no quiere darse cuenta, que quedó en evidencia la inequidad, el acceso a la educación y recursos, la calidad educativa, la capacitación docente, la violencia doméstica y algo que casi no se dice, las relaciones antagónicas, entre padres y maestros.

Lo lamentable de esto es que este tema no ha sido objeto de discusión en ninguna instancia, inclusive, los mismos profesores, no digo que todos, porque es la profesión que más admiro, parecen que no estuvieran interesados; no me vengan a decir que eso de enseñar con guías y responder las tareas por WhatsApp, fue la mejor estrategia en esta pandemia, ojo y no se puede decir que no habían recursos, porque el Sistema General Participación sigue igualito, inclusive a los colegios llegaron recursos adicionales, pero como ya lo dije antes, no hay una política pública de educación con enfoque territorial que lo sustente.

Es necesario que el Departamento y todos los municipios se enfoquen en que la educación debe ser gratuita para el que no tenga cómo pagarla. Que mientras las plantas de personal de las instituciones no sean una prioridad será imposible legitimarla, que la infraestructura educativa no sólo se limite a pintura y arreglos de baños, sino que la conectividad sea un elemento esencial en todos los procesos formativos, y comprender algo que la pandemia nos enseñó, que la familia y las escuelas deben estar unidas, porque el discurso “que la educación empieza por casa” tiene sus dudas, éste debe ser coetáneo: padres y escuela, que es Estado, porque el aprendizaje de hoy integra padres-educadores. Se debe valorar la profesión docente con el compromiso de elevar a cada individuo a su máximo potencial humano.

A pesar de toda esta situación inesperada debe ser una oportunidad para mejorar la infraestructura y dotación de las instituciones priorizando la conectividad para minimizar estos efectos negativos que afectan la educación.

Y a propósito de nuestra universidad, debemos creer, valorar y seguir fortaleciendo nuestra Alma Máter, quienes inician el fin de año galardonados por el MEN en La Noche de Los Mejores 2020, por alcanzar la acreditación de alta calidad durante este año, en los programas de Biología, Ingeniería Industrial y Licenciatura en Educación Física, Recreación y Deportes, logro que sólo se consigue, con el trabajo comprometido de su rector, directivos, docentes, estudiantes y padres.