Escándalo, la marca del Gobierno

Se nos volvió costumbre que cada semana el país se levante con un nuevo escándalo que involucre a los funcionarios del gobierno Duque o a su partido de gobierno. Es tan abrumador el alud de escándalos, salidas en falso, corrupción o normas impopulares que, no alcanzamos bien a digerir y reaccionar ante uno, cuando ya se nos precipita otro.

El caso más publicitado últimamente, el de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. Confieso que llegué a considerarla, por un tiempo, la figura más digna y decorosa del gobierno. Resultó ser ni lo uno, ni lo otro. Con el ominoso “errorcito” de un hermano y los vínculos de su esposo con el narco “Memo fantasma”, como dicen Tola y Maruja, “se cayó su estatua”. Quien se presentaba como alto referente de moral, no tendrá, desde ahora, la autoridad para pontificar blancuras y firmezas teniendo pies de barro.

Pero, no hemos salido de la “vice”, cuando el ministro Malagón, viene a turno para escandalizar al país. Primero fue su “ingeniosa” propuesta de hipoteca inversa, justificada bajo la premisa que si existe en Europa es buena para nosotros. El ministro olvida que la banca es igual de desalmada en el Vaticano que en poder de Sarmiento Angulo. De ñapa, resulta que el “geniecito” de la mentirosa ‘Guajira azul’ no lo es tanto, su tesis de grado resultó ser un plagio parcial de trabajos de sus mismos estudiantes.

Ya antes, el país no sabía si concentrarse en una nueva sindicación para Álvaro Uribe, por serios indicios de ser el receptor de las chuzadas del Ejército, o reflexionar en la vergonzosa manera en que el fiscal Barbosa usa la institucionalidad para tapar ollas a sus amigos y salpicar a sus contradictores políticos. Su desinterés en la “ñeñepolítica”, la forma cómo desvió el tema de la financiación de la campaña Duque con dineros “calientes”; las ridículas investigaciones contra Claudia López y Gustavo Petro, tienen al país pensando en la necesidad de una legislación que impida fiscales de bolsillo del presidente.

Antes de esto, el Ejército también ha contribuido a man char al gobierno: las denuncia de ‘chuzadas’, lo que provocó la salida del comandante del Ejército, Nicacio Martínez. Las denuncias de corrupción en contratos millonarios, hasta con el uso del combustible. No olvidemos los graves hechos que provocaron la salida de un ministro de Defensa, Guillermo Botero, por ocultar la muerte de varios niños en un operativo de bombardeo; la muerte en plena indefensión de Dimar Torres; la denuncia sobre la directriz del entonces comandante del Ejército, Nicacio Martínez, para revivirlos “falsos positivos”. Aquí entra el “oso” que ante la ONU hizo el presidente con el dossier de Venezuela, usando fotografías que no correspondían a la realidad.

Seguimos sumando, el contrato para comprar dotaciones del Esmad y carros blindados aprovechando la emergencia económica por parte de Duque, las “ayuditas” para la banca, la propuesta de su ministra del Trabajo de contratar “por horas” el nombramiento del hijo de Jorge 40 en un cargo en el que tiene que defender a las víctimas de su padre al que considera “víctima”. Su emba jador en Estados Unidos, ‘Pachito’ Santos, solo se recuerda por tratar de impedir la extradición a Colombia de Andrés Felipe Arias, en vez de abogar para que la concedieran. Escándalo también la lucha del gobierno y su partido para que haya impunidad en el caso Agroingreso Seguro. No olvidemos el caso del embajador en Uruguay, Fernando Sanclemente, con laboratorio propio para procesar drogas.

A esto se suma que, algunos miembros del Centro Democrático, cuando se expresan públicamente, le hacen un raquítico favor al gobierno: Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Ernesto Macías o John Milton Rodríguez, aquel pastor que propuso extirpar toda mención a ideologías en las escuelas y que el Estado asuma los gastos de las iglesias durante la cuarentena. En fin, una cadena interminable de embarradas e ineptitudes que ya tienen hastiado al país.

Hemos tenido gobiernos escandalosos, pero este sí que ha hecho del escándalo su impronta y su estilo, pero como estamos en el país donde todo pasa y no pasa, esperemos cuál será la cuota escandalosa de esta semana para reírnos o llorar de nuevo.