Eso era Juan Benedicto Chirino Vega

Definir es algo difícil, describir es figurar. Difícil es complicado o dificultoso y figurar es aparentar, fingir. De allí que yo sea partidario de las expresiones de Tomás De Quempis cuando dice: “No eres más porque te alaben, ni menos porque te vituperen, lo que eres eso eres”.

Algo similar me acontece cuando trato de hacer una descripción, respetando las verdades que contiene una biografía.

En este caso lo intento, pensándolo con anterioridad y sobre todo ajustándome a la realidad o verdad que es conformidad en lo que se dice con lo que se piensa y siente. En atención a lo que es “pensar” que es sinónimo de imaginar y de “sentir” que es experimentar sensaciones.

En mi caso, muy particular, por cierto, me toca una permanente lucha de procedimiento en atención a mi sensible condición de pensador relacionada con la personalidad de quien en vida se conoció como Juan Benedicto Chirino Vega, atendiendo sus condiciones, cualidades y virtudes propias de la gente noble, estudiosa y capaz.

Del matrimonio de Victor Manuel Chirino Santos y Juana Catalina Vega Vallejo nace en Fonseca en 1938 Juan Benedicto Chirino Vega con inquietudes intelectuales y deportivas. A los 24 años es ordenado sacerdote.

De temprana edad demuestra su amor por la docencia, la que ejerce con idoneidad e inquietud investigativa. Ejerció en las parroquias de Urumita, Villanueva, San Juan del Cesar y Fonseca. Se desempeña como Capellán en los colegios de segunda enseñanza de las ciudades antes nombradas. Cada vez deja notar sus adelantos investigativos en la docencia y progresos en la espiritualidad dentro del campo religioso.

Algunos paisanos que lograron graduarse, entre otros: Jesús Solano García, Ramiro Alfredo Larrazabal, Agustín Peralta Zúñiga, Ernesto Parodi Medina, Harlem Povea Annicchiarico, René Parodi Medina. Admiraron en Juan Benedicto Chirino Vega su actitud, idoneidad y capacidad intelectual la que demostró como profesor universitario.

En varias ocasiones fue candidatizado para ejercer como Juez Eclesiástico y en efecto fue el abogado delegado ante este alto Tribunal con sede en Barranquilla.

Solamente Dios como Juez Supremo sabe justificar el motivo y las razones que tuvo este joven religioso de retirarse del santo oficio. Bajo los ritos de la Iglesia Católica contrajo matrimonio con la distinguida dama villanuevera de ascendencia alemana, Maria Kammerer Morales de este hogar surgen tres profesionales: María Alexandra, Juan Camilo y Johana Paola Chirino Kammerer como también ese hijo putativo, Waldino Zubiría Fragozo, quienes acompañan y sienten el intenso dolor que embarga a su progenitora y a ellos por el último adiós del esposo fiel y el padre amable. Muchas son las personas que con motivo de esta muerte tienen sus reservas, cautelas y modestias y guardan el luto tradicional.

Las actuaciones y virtudes de Juan Benedicto Chirino Vega, son paradigmas que después de sus hijos, los parientes más allegados, en este caso sus sobrinos que con orgullo conforman una descendencia de profesionales. Un día cualquiera es sorprendido por quebrantos de salud que a cada instante fueron minando su estructura corpórea. Con estoicismo y resignación sobrellevó su penosa enfermedad al cuidado de importantes médicos, incluyendo su propio hijo Juan Camilo. Deja Juan Benedicto una estela de recuerdos de su niñez, juventud y edad madura. Logró cumplir 81 años de edad. Sus descendientes, parientes y amigos recuerdan con gratitud su dechado de virtudes y mientras tuvieron la dicha de estar cerca de él, emularon sus actuaciones, bien se podrían exteriorizar los rasgos biográficos de este ínclito varón cuyo nombre permanece en el libro de oro del grato recuerdo. Nos extenderíamos demasiado anotando las cualidades que poseyó en vida y aún resulta poco el espacio para plasmar diciendo que es corto el trayecto que nos permite describir a un hombre que, como Juan Benedicto Chirino Vega, valió tanto en el discurrir de su existencia.