¿Estamos siendo buenos antepasados?

Recuerdo cuando era joven un excelente libro que tiene como título ‘Recuerdos del Futuro’: un estudio minucioso de visitas hechas por extraterrestres a nuestro planeta donde el autor suizo Erich von Däniken afirma que los mismos seres humanos después de muchos años de haberse ido regresan al planeta.

Asimismo, cómo estos avistamientos, visitas y encuentros, dieron origen a todas las religiones del mundo debido a lo imposible de interpretar por parte de los humanos de esa época los encuentros cercanos de tercer tipo.

Ahora deseo hacer un interrogante con relación a cómo hoy estamos siendo o no buenos antepasados con relación a las generaciones venideras de seres humanos. A simple vista estamos siendo pésimos, tanto que se piensa que la única solución a esta debacle planetaria es que el ser humano desaparezca.

Solo así tal vez nuestra única casa se salve pues la destrucción ya inició y no tiene reversa.

¿Hemos llegado a tanto?

Viable es recordar que en marzo de 2014 el vuelo MH370 internacional de Malaysia Airlines, un Boeing 777-200 que cubría la ruta Kuala Lumpur – Pekín con 239 personas a bordo desapareció de los radares y de la faz de la tierra.

Aún hoy no se ha podido concluir la investigación ni el motivo de esta tragedia para familiares y amigos. De hecho, traigo la historia debido a que la búsqueda fue exhaustiva por parte de varios países interesados en aclarar lo sucedido pero nos dimos cuenta -buscando respuestas- que los océanos Pacifico e Índico son dos grandes cloacas e inmensos basureros. Se concluyó que los humanos estamos vertiendo grandes cantidades de residuos, basura, y platico a los mares y ríos.

Mientras tanto, desde 1950, año en que el científico norteamericano Jonás Salk desarrolló la vacuna contra la polio, se preguntó por la forma cómo estamos siendo pésimos antepasados dando origen a diversas posiciones de otros científicos relacionadas a cómo vamos a colonizar el futuro de nuestro propio planeta. Aún así, cuando escribo siguen surgiendo preguntas con énfasis en el hiperconsumismo que nos lleva arrasar con el medio ambiente para alimentarnos, vestirnos, recrearnos, trabajar y lo peor, mientras vivimos.

Aunque es importante lo que hacen los líderes mundiales cuando se reúnen preocupados por el futuro del planeta en conferencias internacionales buscando soluciones a un problema que ya nos tiene al borde de la extinción masiva, la solución va a llegar si cada uno de los terrícolas enfrenta el desafío como civilización adoptando soluciones inmediatas que se mantengan en el tiempo pues mientras los líderes se reúnen el planeta se destruye, se quema y las otras especies se extinguen.

Hoy, a raíz de que la población mundial -según el último informe demográfico de las Naciones Unidas- es de 7700 millones de personas, la verdad si me preocupa ser o volverme un excelente antepasado y considerar cómo las generaciones futuras nos van a juzgar. ¿Qué les vamos a decir? ¿Cómo vamos a responder por el desastre que les vamos a dejar? En síntesis, la humanidad se está consumiendo bienes que le corresponderían a generaciones futuras, estamos gastando más de lo que podríamos, por lo tanto, lo que estamos haciendo es colonizando el futuro de nuestro propio planeta. En el derecho civil, sería gastarnos una herencia que no nos corresponde y de lo cual no podrán defenderse las generaciones futuras pues aún hoy no han nacido. En resumen, estamos cometiendo un delito, un robo, apropiación indebida y hasta estafa.

El consumismo desbordado debe terminar la deforestación salvaje debe parar, la pesca indiscriminada debe concluir, botar grandes cantidades de basura, aguas negras y plástico a los océanos debe parar de inmediato. Asimismo, el consumo de combustibles fósiles con su nueva modalidad del fracking debe parar, terminar con las minas de carbón y prohibir su consumo a nivel mundial.

Además, no permitir el uso de sustancias que maten a las abejas u otras especies, que los ríos no sean recibidores de aguas sucias y negras de los alcantarillados de los pueblos y ciudades. Y, por último, no más explosiones nucleares ni más guerras. ¿Será mucho pedir?

Para concluir, este es el momento de hacer un pare, de hacernos muchas más preguntas, de volvernos buenos antepasados, de lo contrario: el último que salga apague la luz de la esperanza. Apegue y vámonos para ninguna parte, solo hacia la extinción. Que para la humanidad no haya mayor desafío que vivir en el único planeta que sustenta la vida pues aún hoy no tenemos tecnología para irnos y por lo tanto es un modo de morir como lo hacían los antepasados de los más grandes asesinos de ballenas del planeta cuando las cosas -como hoy- se les complicaban y buscaban una manera muy fácil de solucionarlas: el harakiri.