Después de haber sido víctima de contagios, tratamientos rigurosos y padecimientos inesperados producto del dolor lacerante de la muerte que produjo la contaminación de un virus maligno llamado comúnmente ‘Pandemia’ que ha deteriorado la mayoría de regiones y territorios, iniciamos un nuevo año con anhelos vehemente de recoger lo poco que ha quedado y tratar de recuperar en parte lo perdido y tratar de formalizar una nueva brega con fines de recuperación.
Es tanto el deterioro de lo que ya existía que se hace necesario de un esfuerzo sobrehumano para recuperar tiempos perdidos y que los ríos vuelvan a correr por sus naturales cauces.
Ha sido demasiado el deterioro de la educación, el comercio, el transporte y tantas cosas que debilitaron su normal funcionamiento. El tiempo perdido no se recupera, afirma un adagio, pero se hace necesario no escatimar esfuerzo alguno para lograr en parte, la recuperación de lo perdido.
Los agoreros basados en caprichosos conceptos, han atribuido los males ocurridos a la caprichosa conformación de la fecha en atención a la expresión numérica de 2020.
Algunos le atribuyen caprichosas operaciones como 2020 – 2020 es igual a 0.
El agradable aviso que del 25 de enero hogaño, se reanudan las clases, es motivo de esperanza y recuperación aún cuando no todo lo hemos perdido.
No obstante, los perjuicios ocasionados por el virus maligno y las demás consecuencias, se hace necesario aunar esfuerzos, perseverar y anhelar esperanzados los medios más eficaces de soluciones inmediatas.
Los gestos de solidaridad, los auxilios, las ayudas económicas de gobiernos hermanos nos han enseñado a sobrellevar el peso de la adversidad. Hoy, más que nunca, debemos ser solidarios.
Parece que el uso del tapabocas, el lavado constante de las manos, el distanciamiento y demás precauciones nos han permitido sobrellevar el incómodo peso de la enfermedad.
Se hace necesario que el médico, el educador, el sacerdote, el pastor y el oportuno asesor brinden su colaboración, buscando, ante todo, encontrar la panacea que erradique el mal.
Vueltas las cosas a su situación de origen, pondremos en práctica nuestros oportunos conocimientos que dan fuerzas a las cosas que se creían perdidas.
Es bueno que en este nuevo año se planifique, se estudie, se investigue y seamos precautelativos para el ejercicio de las funciones necesarias para el buen desarrollo de cualquier actividad que se inicie para el bien de la humanidad.
Es de urgencia las reuniones, las asambleas y la elaboración de talleres atinentes a la actividad benéfica que anhelamos. Pónganle fe a sus actos, consideren que unidos a los demás, encontrará soluciones aceptables.







