Esto también pasará

Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo: “He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo”.

¿Usted se acuerda de esta leyenda amable lector? En estos días de pandemia y de cuarentena, que nos obligan a un aislamiento preventivo en nuestras casas, es inevitable estar pendiente de las noticias de radio, televisión y los periódicos, para saber de primera mano la evolución del virus que tiene al mundo en pánico. Cada día las noticias nos cuentan de más infectados y de muertes; este virus no hace distinción entre países ricos y pobres, ni de estratos sociales, todo aquel que no guarde los protocolos de higiene y seguridad tiene más riesgo de contagio. Continúa diciendo la leyenda: “Los que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey”. 

El rey finalmente consiguió a un venerable anciano que le escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. “Lo dobló y se lo entregó al rey. “Pero no lo leas”, dijo. “Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”. Dice la leyenda, que una vez el país fue invadido y su reino se vio amenazado, el Rey estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, íngrimo y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo. Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento… 

Simplemente decía “esto también pasará”. El rey milagrosamente pudo salvarse y volver a su reino.Hoy quiero decirles que esta pandemia también pasará, pero nos dejará una gran lección de vida; el mundo será otro después del Coronavirus, está despertando la consciencia de los jóvenes, la solidaridad, la ternura y el amor hacia las cosas sencillas; la naturaleza ha vuelto a sonreír y se toma un respiro agradable y menos contaminado, aprovechando que el ser humano se encuentra en cuarentena, Dios y la familia recobran su importancia. Hay que decir también que se ha evidenciado la fragilidad de nuestro sistema de salud, que es un derecho fundamental, entonces no puede estar privatizada, convertida en una mercancía, donde las EPS están más interesadas en las utilidades del negocio que en la prestación del servicio de los enfermos. 

Cuando todo esto pase, podremos salir de nuevo, abrazarnos entre amigos, mirar el sol de frente, compartir en noches de luna llena en tertulias. Seguramente la economía de muchas familias estará en crisis, igualmente la del Estado; vendrá una gran recesión mundial y es ahí donde esperamos que nuestros líderes y gobernantes jueguen el papel que la historia y las circunstancias demanden. Que cada familia con la lección aprendida no se aparte de Dios y sean más creativas y emprendedoras, para enfrentar ese nuevo escenario que también pasará.