Extremos calientes

La ignominia e impotencia que siente un pueblo de expresar y sentirse escuchado en sus necesidades insatisfechas a un oído sordo que lo escuche, desata una ola de protestas y arengas que son llevadas al único espacio que le queda, y que poco agrada quien con votos de sudor y de hambre, lo llevaron a ocupar un puesto de poder que hoy utiliza para silenciar las voces de los inocentes.

Días atrás nos enteramos como los indígenas del Cauca, “suplicaban” al anterior candidato y hoy presidente de la república, que los visitara y se sentara con ellos a hablar de sus necesidades insatisfechas e incumplidas por los gobiernos anteriores. Sin embargo, quien es “dueño” de los cuerpos de ley legalmente constituidos de tierra, mar y aire, así como todo cuerpo de inteligencia, no llegó. Porque unos bastones de mando iban a atentar contra él. Magna mentira y bajo argumento de poder que solo sirvió para pretender reunir a unos pocos líderes y encerrarlo y exacerbándolos de grandes contratos y asignación de dádivas, non santa, que al final termina por corromperlos y presentarlos como los más grandes extorsionistas del Estado. Aplaudo la decisión de esos pocos que rehusaron reunirse a solas con el presidente Duque, lo que es con nosotros es con todos los que están en la plaza, manifestaron a cuatro voces.

Siempre he cuestionado la reunión personal o de unos pocos, reunión en la que se define el futuro de todo un grupo o gremio. Pienso que ese tipo de reuniones solo busca quebrar cualquier punto puerto, comprar conciencia y de allí inicia el acabose y desmedro del rotulo de líder social o sindical. Revisemos la historia, cuántos de los que decidieron irse al lado del opresor y que otrora fueron alalíes de lucha social y su alfombra de lucha fue el asfalto, hoy gozan de puestos y miele$ ofrecidas por los gobiernos, cambiando su ideología social por una capitalista. ¿Acaso lo fueron alguna vez?

Hoy, el otro extremo, también está incendiado, no por las quemas de bosques y cerros, los guajiros observan como desde el perverso centralismo. Nos quieren seguir mirando como simple obreros y no como gente ávida de oportunidades de cambio, superación y progreso. Quieren acabar con único ente educativo estatal de educación superior, la Universidad de La Guajira. Los jóvenes universitarios guajiros han despertado de su invernación crítica y reflexiva, han salido a la calle a exigir recursos que se producen aquí, han enfrentado, de forma valiente, el aparato represivo del Estado, como lo hiciéramos en el siglo pasado en la Universidad del Atlántico. ¿Pero por qué rogar al centralismo parasito por la entrega de nuestros recursos? ¿Hasta cuándo? Hasta que los guajiros entendamos que solo el pueblo, salva al pueblo.

La lucha sigue, no nos dejaremos vencer, seguiremos en la calle señor presidente, maestros, obreros, estudiantes, amas de casa, taxistas, mensajeros, padres de familia, indígenas, afros, y todo aquel que se sienta inconforme y hastiado de tantas promesas por cumplir y que solo nos ven como un potencial elector que servimos cada cuatro años a sus intereses personales y no generales. Hay un pueblo dormido que está despertando y se erige como una gran lanza que fluye desde el asfalto y se empodera de sus necesidades.

No al cierre del claustro madre, no a los atropellos. Fueron ocho años de odio y miedo, pero estos cuatro, no serán una copia fiel. No a los falsos positivos urbanos.