Gratitud a Emelina Pérez Cataño (q.e.p.d)

El pasado 15 de diciembre se cumplieron los nueve días del fallecimiento de Emelina B. Pérez Cataño. Es la madre de siete hijos: Inírida Stella, Imireyda Yamile, Ingrid Lucila, Idayris Yolima, Ilfred Miguel, Isaac Javier e Ildeber Jacob – Coto (el héroe de la familia que se inmoló por salvar a su prójimo); abuela y bisabuela madre de 17 nietos y doce bisnietos. La conocí en 1992 cuando me desempeñé como secretario de Planeación del Departamento de La Guajira. Desde entonces cultivamos una relación entrañable que me concedió el privilegio de entrar para siempre a su inmenso y generoso corazón de madre.

Del perfil de ‘Eme’ como yo la llamaba se puede destacar su condición de hija, de esposa, de hermana, de familiar, de vecina, de ciudadana, pero me quiero detener en el de su matriarcado extendido que ejercía con autoridad y mando siempre tratando de preservar monolíticamente la unidad de la familia.

De profundos principios, católica sin ser fanática religiosa. Apegada a las costumbres de su tierra. Con una filosofía de la vida forjada en el diario vivir tratando de superar las adversidades de las cuales no se dejaba atropellar. Tenía frases duras con su entorno familiar pero siempre con un propósito constructivo. Transparente y franca que a veces rayaba para quienes no la conocían en impertinencia e incomodidades por decir verdades sin adornos ni eufemismo.

Directa y sin rodeos para sentar precedentes como mamá grande frente a su prole ampliada. Perseverante y constante en el contacto con quienes estábamos en el círculo más cercano de sus afectos.

El mejor homenaje a su legado es honrar su memoria manteniendo unida a la gran familia que ella construyó día a día contra viento y marea.

‘Eme’ gracias por tu interés por nuestro trasegar personal en un contexto cada vez más difícil y complejo por los nuevos retos a que debemos enfrentarnos. Nos harán falta tus certeros consejos. Tus reclamos oportunos para que acertáramos en el proyecto de vida. Contigo lo que en todos nosotros hay es gratitud por siempre y para siempre.

Ahora que te encuentras a la diestra de Dios con el padre Manuel Celedón Suárez mi hermano, tu hijo Coto, tu hermano Miguel intercede con ellos como abogada y personera por nosotros para terminar este peregrinar y cumplir la misión de servir como siempre insististe. Ayúdanos a terminar nuestros compromisos cotidianos con tus observaciones pertinentes. Desde donde estés pasa todos los días tu mano sanadora sobre cada uno de nosotros para curar los dolores del alma y el cuerpo como lo hiciste siempre en vida.

La misa por su eterno descanso se realizó ayer 15 de diciembre en la Parroquia San Rafael de Riohacha a las 3:30 p.m. para que brille como luz perpetua y siga abrigándonos con su inquebrantable afecto y sentimiento maternal.

Paz en su tumba.