¡Guajiramente!

La guajira y los guajiros deploramos el sensible fallecimiento de Carlos Frías Gil, uno de sus más connotados líderes sociales de nuestro Departamento.

Nació en Riohacha, en el seno de una familia de rancia estirpe conservadora, que tuvo como eje a su hermano e infatigable luchador Manuel Gregorio, más conocido como ‘Chichi’ Frías, compadre y copartidario de mi papá. Optó el título de agrólogo en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, una profesión exótica para la época en nuestro medio, pero que le venía como anillo al dedo a quien cautivó el interés por la tierra, por el agro y por los dátiles, que fueron su pasión. Posteriormente se especializó nada menos que en el uso del agua en la agricultura en zonas áridas en la Universidad Rehovot de Israel.

A su regreso de Israel se vinculó al Instituto Geográfico Agustín Codazzi –Igac–, en donde tuve el gusto y el placer de conocerlo. Y, como siempre, pensando en su tierra y en cómo poner a su servicio los conocimientos adquiridos, fue uno de los gestores y participantes del ‘Estudio de suelos de la Alta y Media Guajira’, publicado en 1978 por el Igac.

Carlitos Frías, como lo llamábamos cariñosamente, se juntó con otros quijotes como él y crearon en 2008 la Fundación Datilera pro Rehabilitación de Zonas Áridas y Semiáridas –Fundaprozar–, la cual tenía como objetivo primordial la promoción y explotación del cultivo de palma datilera en la parte más septentrional de La Guajira, que él consideraba como redentora para las comunidades indígenas wayuú asentadas allí. Y no le faltaba razón, pues con base en los estudios realizados a partir de plántulas de palmas datileras traídas inicialmente por misioneros de la comunidad de los Capuchinos, se pudo concluir que dadas sus características agrológicas, las mismas podían crecer en ambientes desérticos, expuestas a intensa radiación solar, baja humedad relativa e irrigadas con agua salobre. Características todas que ofrecía dicho territorio.

En el año 2015, Carlitos Frías dio a conocer su obra ‘Crónicas y cantos a mi guajira’, la cual fue lanzada en el auditorio del Sena en Riohacha. Como afirmó él en su presentación, “luego de vivencias y poesías dedicadas a mi región, presento a ustedes el libro que encierra una serie de escritos dedicados a la gente y a los temas que se van convirtiendo en el pan de cada día de nuestro amado entorno”, que para él lo eran los dátiles. En dicha obra se explayó Carlitos, con su particular y peculiar estilo, en la descripción e interpretación de las costumbres, tradiciones y necesidades propias de La Guajira y los guajiros. También manifestó en su intervención que añoraba ver desarrollar la agricultura en las estepas de la península, así como lo habían visto sus ojos asombrados en Israel, en tierras tan áridas y expuestas a la sequía como las de La Guajira.

Con respecto a su magistral obra, así se pronunció el brillante antropólogo y exgobernador de La Guajira Weildler Guerra: “puedo decir que Carlos es uno de los pocos guajiros que conoce el Departamento como la palma de su mano y fue precisamente todo ese amplio conocimiento lo que quiso transmitir en esta importante obra”. Y no se equivocó, porque Carlitos era un acucioso investigador de la pungente realidad de nuestro territorio, el que recorrió de palmo a palmo.

Él dijo “mi sueño es pintar a La Guajira de verde”, se lo propuso y trabajó incansablemente por hacerlo realidad. Lo repitió una y otra vez, “no descansaré hasta ver ese anhelo como una realidad”, tocó cuanta puerta se le atravesaba, hasta hacer posible la visita de un grupo de 10 técnicos israelíes de la empresa BSW Group, quienes visitaron de la mano con él 15 comunidades, interesándose en desarrollar sistemas productivos con dátiles sirviéndose de especies nativas, orientados a impactar y mejorar la economía tradicional en la zona.

Carlitos, dice el pasaje bíblico que hay tiempos de sembrar y tiempos de cosechar, tú sembraste la semilla de los dátiles en La Guajira, tarde o temprano serán otros los que te secundarán y recogerán la cosecha. Tal como tu saludabas y te despedías, tenemos que despedirte, en esta ocasión por última vez y muy a nuestro pesar, diciéndote ¡Guajiramente!