Hermanita… hasta siempre

“Si hay otra vida en el cielo, allá nos encontraremos no nos queda más, seguramente cerquita quedaremos, creo que San Pedro a los buenos pone juntos allá”. Yo tenía un amigo, autor Rafael Manjarrez

Nunca imaginé que un sueño se constituyera en revelación y terminara en la pesadilla que hoy aflige a nuestra familia, el virus letal insiste en su propósito de seguir llenándonos de dolor por la partida para siempre de los nuestros en la plenitud de su primavera.

Dios puso fin esta vez a la relación de mutuo pechiche y de complacencias con Ceci, mi hermanita menor, una líder wayuú que predicaba con el ejemplo, poniendo punto final a sus grandes planes y proyectos para mejorar las condiciones de existencia de las comunidades indígenas más vulnerables en el sector de El Paraíso, Romanero y sus alrededores, fiel cumplidora de la palabra de Dios, un ser humano altruista y excepcional.

Se encuentra en el cielo, para seguir honrando allá a su padre y a su madre, con gozo ante los encantos de Dios y su infinita misericordia, cerró para siempre sus ojos con la esperanza de la resurrección, recibió del altísimo la gracia  de aceptar con serenidad y entereza la inevitable llegada de su minuto final sin que le importara lo doloroso de su definitiva partida de entre nosotros, se fue con el corazón lleno de humildad, y habiendo borrado de su mente los recuerdos menos alegres y con sus manos limpias después de haber vivido una vida fecunda, bendecida, sin miedos y sin razones para el arrepentimiento.

Hoy viene a mi mente que hace un poco más de un mes me desplacé hasta la Ranchería a decirle que tuviera cuidado, le conté que había soñado que llegue allá y encontré  un grupo de mujeres wayuú vestidas de negro sentadas en el suelo en círculo, que estaban rezando, y a su lado, un hombre también wayuú, estaba limpiando unas tripas de vaca, le dije que ese sueño me preocupaba, pues he tenido muchas revelaciones en sueño, y por mi experiencia, se podía presentar un acontecimiento grave, que eso se podía evitar extremando precauciones en todos los sentidos, ella me dijo que ese sueño tenía que ver con un incidente que se había presentado con su niño menor el día anterior; eso me tranquilizó, nunca imaginé que era el preludio de la noticia fatal, que estábamos en vísperas de su cruel enfermedad y de su partida ineludible, nunca pensó que  la sepultura que hizo construir para su tío contagiado por Covid-19, sería la última morada para ella.

Imposible imaginar ver y sentir el escenario celestial donde hoy se encuentra, se enfrenta al misterio insondable donde la expectativa de la resurrección para nuestro reencuentro un día es ineludible, pero seguramente esta absorta frente a los encantos de Dios y sus expresiones de ternura infinita en aquel horizonte sin fin donde brilla la luz perpetua que todo lo alcanza, desde allí nos cuidará a todos, y ansiosa por contármelo todo como solía hacerlo a cada momento, sus alegrías fueron las mías, y las mías también le pertenecían, sus penas encontraron siempre mi hombro para desahogarlas, sus preocupaciones, aspiraciones y frustraciones encontraron en mi confianza su seguro depositario, lo que nos unió mucho mas con el transcurso de los años, se desvivía por sus muchachos, por eso trabajaba de día y de noche,  y cuando había que reprenderlos, corregirlos u orientarlos para ella mi casa era su casa, allá llegaba o me mandaba llamar, me ponía las quejas de ellos y ellos me ponían las quejas de ella, últimamente para que llamara su atención por sus permanentes desplazamientos por otras comunidades asumiendo el riesgo de contraer el virus mortal que finalmente causaron las secuelas que la llevaron a la muerte.

Estamos estremecidos, ya no hay a donde llevar tanto dolor, nuestra familia ha colocado una cuota demasiado grande en este momento atroz para la humanidad, impensable esperar el dolor que no se merece, pero igual, reiteramos nuestro amor infinito a Dios, una vez más estamos cumpliendo el sagrado deber de entregarle lo mejor que teníamos.

Me duele pensar, cuántas cosas que quería decirme se llevó a la tumba silenciada por su inesperado viaje sin regreso, cuánto hubiera querido mirar sus ojos antes que se cerraran para siempre, porque solo nos mirábamos y entendíamos el uno lo que quería decir el otro, extrañaremos sus llamadas para invitarnos a compartir, apenas acaba de pasar de la oscuridad a la luz y ya el vacío se siente, esto parece una pesadilla, la sensación de soledad nos abruma, el aire de desamparo es conmovedor, mas cuando pensamos en todos los niños y adultos mayores a quienes daba de comer.

Hermanita, pedimos a Dios el bálsamo del consuelo, porque la resignación es imposible,  invocamos  las sagradas palabras para pedirte, ¡acuérdate de nosotros ahora que estás en tu reino!