Héroes caleños

Como buen vallecaucano que soy, principalmente retrepeño – caleño, me permito hacer una remembranza de nuestros héroes que dieron su vida en la emancipación republicana por salvar la tierra vallecaucana, nuestros héroes son: Pablo González, Don Gabriel Martínez, Micolta Don Pacífico y Liborio Orejuela, los jóvenes Belisario Zamorano, Zenón Fabio Lemos, Lisandro Caicedo y otros más, entre los cuales se contaban Don Jorge Isaac Conto y el distinguido Literato Eustaquio Palacios, que años más tarde, ocurrida la muerte del padre Piedrahita, recibió el cetro intelectual de Cali, que conservó con el brillo y la gentileza de un verdadero príncipe de las letras.

Cuando el grito de independencia, lanzado en la memorable tarde del 20 de julio de 1810, repercutió sobre las ciudades y campos del Valle del Cauca, se sintió el primer estremecimiento de este pueblo, sacudido por los anhelos libres y las ideas emancipadas. El pueblo caleño se preparó en masa para hacer frente a la lucha de independencia que desde su iniciación tuvo aquí el eco sonoro de las grandes revoluciones. Hay constancia de que los entusiastas patriotas de esta ciudad, promovieron en esos primeros momentos una fiesta pública, con el fin de plantar en la plaza mayor, el árbol de la libertad.

Hombres, mujeres y niños entre músicas, marciales y vivas a la libertad, recorrieron las principales calles de esta capital, hasta el centro de la plaza, en donde se levantó enhiesta una palmera como símbolo flamante de la iniciada liberación. El verbo encendido del doctor José Joaquín Escobar, que había cambiado la toga del jurista por el sayal del franciscano, enardecía el alma de la muchedumbre que, guiada por el formidable tribuno, tremolaba bandera de abierta rebelión. Desde el día, el pueblo caleño comenzó a alistarse en las tropas de combate que, completadas con el contingente de las otras ciudades confederadas de este Valle del Cauca, puso un cerco de fuego a los baluartes realistas fortificados en Popayán, Barbacoas y Pasto.

La sangrienta lucha alternó con el triunfo y la derrota. Y esta ciudad, que había entregado a manos llenas su dinero y su sangre –donde hasta las mujeres del pueblo consignaron sus alhajas y pequeños ahorros en las repetidas embestidas contra las fortalezas del sur–, se vio invadida y castigada con saña cruel por los pacificadores realistas, entre los cuales culminó el brigadier Samano, que había dado orden a su comandante Asin, de incendiar y destruir a la insurrecta Cali.

Había llegado el año de 1816, cuando la misericordia estas comarcas para ser sojuzgadas con el destierro, el reclutamiento, el robo y el cadalso. Entre los patriotas acusados de agentes propagandistas y revolucionarios estaba el nombre del decidido joven Ángel Piedrahita. Más tuvo la fortuna de encontrar seguro amparo realistas Jerónimo y Toribio Valens Gamboa. Don Bernardo Benito Valens, sindico de la iglesia matriz de San Pedro, realista exaltado e irreductible, había merecido la merced de ser nombrado alcalde provincial de Don José R. Zárate, procurador General y de otros vecinos que habían constituido, por designación firmada de puño y letra del brigadier Samano, el cabildo inaugurado el 20 de julio de 1813, época de la primera restauración del Gobierno español en el Valle del Cauca.

El puesto de Alférez Real, que hacía parte integrante del cabildo y que por derecho secular y transmisible de la epónima familia Cayzedo de Hinestroza Silva y Príncipe Lersundi, había ejercido el egregio mártir Joaquín de Cayzedo, fue suplido a voluntad del mismo dictador Samano, por el distinguido y bondadoso ciudadano Don José Borrero.