Historial sucinto de ‘El Bogotazo’ de 1948

Parte II

Comoquiera que Gaitán permanecía en la mira de Estados Unidos, debido a su ideología socialista, así como por la oligarquía de los dos partidos políticos tradicionales de Colombia, como eran el Conservatismo y el Liberalismo, éste fue vilmente asesinado a la 1:05 de la tarde del 9 de abril de 1948, crimen material que de inmediato le fue adjudicado, con razón o sin ella, a un hombre del común, de la ciudad de Bogotá, de nombre Juan Roa Sierra, mientras que los autores intelectuales aún permanecen en el anonimato, a pesar de que las investigaciones irónicamente fueron realizadas por los mejores detectives de Scotland Yard, de Inglaterra, y del FBI y la CIA, de Estados Unidos. Inmediatamente después del crimen, se formó un disturbio de padre y señor mío en todo Bogotá, con irradiación inmediata a todos los rincones de la geografía colombiana, lo que posteriormente se conoció, y aún se conoce, como ‘El Bogotazo’.

La gente adepta al inmolado se sublevó en una forma energúmena en contra del gobierno conservador de Ospina Pérez, y de igual forma también lo hizo la Policía Nacional, quien procedió de inmediato a suministrarles armas de fuego a los amotinados, mientras que las fuerzas militares demostraron un hermetismo momentáneo que despistó por un largo rato a los rebeldes, quienes no estaban seguros si éstos estaban en contra o favor del Gobierno o de los amotinados.

Algunos historiadores opinan que los autores intelectuales de ese magnicidio fueron los Estados Unidos, basados en la apatía que sentían, y aún sienten, hacia el socialismo y el comunismo, y si eso fue así, esos tres organismos investigadores internacionales mal podrían ser los llamados a realizar esa investigación, cuyo resultado, como es apenas obvio, aún permanece en la impunidad.

La turba enfurecida y energúmena destruyó y saqueó toda clase de almacenes en un santiamén, de donde sustrajeron licores de las licorerías, con los que se emborracharon, y toda clase de armas blancas de las ferreterías, con las que agredieron sin compasión, al igual que con las armas de fuego suministradas por la Policía, a todos los sospechosos del Partido Conservador que encontraban a su paso. Igualmente le prendieron fuego al tranvía, a los almacenes y a una gran cantidad de monumentos nacionales, hasta tal punto que la ciudad de semejaba a una enorme bola de candela vista desde lo alto

El saldo final, únicamente en Bogotá, fue de aproximadamente de 3.500 muertos y más de 10.000 heridos, la mayoría de ellos frente al palacio presidencial, en donde intentó penetrar la turba, sin que el Ejército se lo hubiera permitido, así como también en la Plaza de Bolívar. A los que sí se le había admitido penetrar, mucho antes, fue a la cúpula de la dirigencia liberal nacional, encabezada por el tolimense Darío Echandía, los cuales intentaban darle un golpe de Estado al presidente Mariano Ospina Pérez con la connivencia de los militares, ante el convencimiento erróneo de que éstos apoyaban la revuelta, así como ya lo había hecho la Policía Nacional, pero, para sorpresa de Raimundo y todo el mundo, una vez que entraron al Palacio, el Ejército no los dejaron salir de allí, como prenda de garantía y en calidad de secuestrados. Cuentan algunos historiadores que de pronto las Fuerzas Militares hubieran terciado a favor de los amotinados si éstos no hubieran cometido un craso error. Ese error consistió en que después de haberles hecho la turba calle de honor a una caravana de tanques de guerra que estaba llegando a la Plaza de Bolívar, algunos desconfiados turbulentos le dieron muerte al coronel que la dirigía. De inmediato, el segundo en el mando dio la orden de ¡fuego…¡ y éstos dispararon en contra de la multitud, en donde murieron la gran mayoría de las víctimas. A partir de allí hasta el 27 de mayo de 1964, se desató una ola de retaliaciones entre liberales y conservadores denominado ‘El Período de la Violencia en Colombia’.

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