Increíble pero cierto

Increíble pero cierto que en un hospital regional de la importancia del San Rafael de San Juan del Cesar, a donde llegan todos los enfermos del centro y sur de La Guajira y muchos del Cesar, no tenga una oficina de información eficiente que satisfaga a las personas que llaman en procura de alguna información acerca de un familiar o amigo que allí esté o simplemente para preguntar sobre la estadía, con el ánimo de ayudarlo de alguna manera, pero ante la negativa de la información, no se puede hacer nada. Eso me pasó, llamé al teléfono 0357740010, es el único y de urgencias y me contestó una empleada llamada Ana que no da el apellido y que no sabe decir sino «eso no se puede», le agrego entonces que me facilite el número donde pueda llamar y eso no se puede, entonces por favor el de la gerencia y el nombre del gerente, menos, no está autorizada, después de un buen rato en donde le expliqué quien era yo y suplicarle, me dijo que me iba a pasar una coordinadora, la que no apareció por ninguna parte; la llamé de nuevo y me dijo que me iban a llamar, eso fue entre 9 y 10, son las 4 y nada y no me atrevo a llamar por temor a que se moleste y yo pele el cobre y saque a relucir el indio molinero que tengo, pero al fin y al cabo el perjudicado es el pobre pariente o amigo a quien estoy pendiente de mandarle alguna cosita.

Creen ustedes que sea posible en esta época de encerramiento que usted llame a San Juan al famoso y eficiente hospital San Rafael y diga que está llamando de Valledupar para ver si ahí se encuentra Juan Contreras y le contesten que esa información solo la pueden dar por ventanilla y en forma particular y presencial, es decir, que yo debo arrancar para San Juan violando todas las normas de restricción a preguntarle a una empleada si Juan Contreras está hospitalizado porque quiero ayudarlo con unos pesos, una ropita o un mercadito para la familia. ¡No hombre!, eso no es posible, pero hay que hacerlo porque una empleada de esa que se creen dueñas eternas de los puestos y casi siempre inepta pero con buen padrino político, dice que es así y de ahí no hay quien la saque, cuando si quisiera, es tan fácil decir, por favor espere un momento y le informo o mire por favor llame a este teléfono, todo en procura del bienestar del pobre enfermo.

Todavía continúo esperando la llamada y de pronto el pobre pariente o amigo haya iniciado el viaje sin retorno, que de pronto se hubiera podido evitar, pero Anita no colaboró para ello y tendrá el cargo de conciencia de su culpabilidad.