Independencia sindical

En una entrevista con W Radio, el presidente de la CGT (Confederación General del Trabajo), Julio Roberto Gómez, comentando acerca de la detención del exmandatario Álvaro Uribe, afirmó que tiene que haber un debido proceso y que lo lógico era que se pudiera defender en libertad, para evitar más polarización en el país, llamando a la cordura; lo que a todas luces es una posición mesurada que debe tener el movimiento de los trabajadores, para no caer en sesgos políticos e ideológicos, tan propios de las fuerzas totalitarias a las que poco les importa las reivindicaciones de los trabajadores, sino las ventajas políticas que le pueden sacar a la   situación que vive el expresidente, en beneficio de un proyecto antidemocrático y liberticida.

Sin embargo, ante la posición equilibrada del presidente de la central obrera más representativa del país, se escucharon los alaridos de algunos mamertos, diciendo que Gómez, no es el vocero de los trabajadores y que no los representaba, por lo que habría que decir, que sería una vergüenza para el presidente de la central en mención, ser vocero de personas enajenadas y adocenadas por la grupería totalitaria, debido a que la CGT ha estado muy bien representada por su presidente que de manera pragmática y concertada, busca alcanzar reivindicaciones importantes para los trabajadores colombianos, especialmente en esta crisis sanitaria mundial como consecuencia del Covid-19.

La independencia sindical es la que no permite que las organizaciones de trabajadores, sean apéndices de gobiernos, patronos o partidos políticos, respetando el pluralismo, principio medular de la CGT, diferente a otros sectores sindicales  que de una manera terca y mágica todavía consideran que el engendro marxista es la doctrina que debe orientar la lucha de los trabajadores, lo que es un exabrupto, dado que es conocido que los dogmas de Karl Marx fueron repudiados por los obreros en la Internacional que funcionó  de 1864-1876,  en vista de que el padre del comunismo totalitario creía en el estatismo burocrático y embrutecedor, así demagógicamente esbozara que el Estado se disolvería.

De manera, que cuantas veces sea necesario, hay que repetir, aquella frase que dice: “Detesto el comunismo, porque es la negación de la libertad y no concibo nada humano sin libertad”, expresión que no es de  alguien de la llamada ultraderecha, sino del líder  libertario  Mijaíl Bakunin, quien  desenmascaró  a Marx, en sus pretensiones absolutistas y elitistas para utilizar a los trabajadores, como una herramienta del partido comunista y alcanzar el poder político, creando una oligarquía o nomenclatura, como le ha ocurrido  a los países que han caído en la dominación comunista.

En consecuencia tiene que haber un distanciamiento categórico, entre el sindicalismo democrático, que representa a la libertad como  pivote humanista y el marxismo o comunismo totalitario, que es fuente de perversidad e irracionalidad, por lo que es inicuo sugerir que la dogmática marxista, une o defiende a los trabajadores, debido a que no le importan sus reivindicaciones, sino que a los partidos que abrazan esa ideología abyecta, lo que les interesa es toquetear a las organizaciones obreras, debido a que consideran al sindicalismo simplemente como instrumento político, para lograr sus fines burocráticos en el Estado.

Al comunismo  en su genocida historia, no le ha interesado el bienestar de las masas, pues lo que pretende es generar y reproducir la miseria como condición necesaria para que le sirva de caldo de cultivo en sus intentos conspirativos, cuando no se encuentra en el poder, o si por el contrario está en el manejo del Estado, envilece a la población todo lo que más puede, para perpetuar infinitamente su régimen de terror y hambre.

Las luchas  sociales en sana lógica deben de ser direccionadas por el sindicalismo democrático, pluralista y antitotalitario, basándose en la solidaridad, rechazando sin vacilaciones los planes sibilinos de las organizaciones marxistas leninistas, ya que estas tienen intereses diametralmente opuestos a las aspiraciones más sentidas de los trabajadores, puesto  que  el comunismo totalitario ha sido el peor enemigo de los pobres desde que apareció, en vista de que les hace perder su dignidad, al saquear a las naciones en donde montan sus dictaduras, convirtiendo a la corrupción en la razón de ser de sus camarillas, teniendo ejemplos al canto en casos, como el de Venezuela, Cuba, Corea del Norte y Nicaragua, habiendo otros ejemplos en donde las tiranías comunistas ofenden al máximo a la humanidad.

Así que las declaraciones prudentes del presidente de la CGT, en lo que respecta a la detención del senador Álvaro Uribe, se circunscriben dentro de la independencia sindical, que no se encuentra  bajo la égida  de ningún  poder del Estado, en  razón a que la autonomía del movimiento de los trabajadores, tiene sus fuentes originales en una concepción libertaria, en donde los valores humanos son la esencia para buscar un mundo mejor, rechazando las intenciones absolutistas del marxismo leninismo, el cual con su anacronismo echa hacia atrás la rueda de la historia.