Indolencia de bancos en tiempo de pandemia

El cierre de actividades obligatorio en prevención de contaminación y de incierto, término de duración del Covid-19, cuando han transcurridos más de cien días de cuarentena, es preocupante para comerciantes, industriales y prestadores de múltiples servicios con excepción a los servicios financieros que no paralizan y resultan ser beneficiados en operaciones y soportes económicos de manejos rentistas.

El establecimiento comercial está averiado, fracturado y quebrado, requiriendo de apoyo especial, excepcional y en auxilio emergente para motivar e incentivar el levante de reactivación económica, ya que, de lo contrario, el abandono conllevaría a desastres y tragedias originando funestas consecuencias y desajuste económico-social.

El gobierno del presidente Iván Duque ha manifestado muchas promesas y subsidios, anunciando alivios que aún no se materializan, llenando de esperanzas a los trastornados en “banca rota”. Pero parece que todo terminaría en ilusiones y falsas promesas, en lo relativo a créditos bancarios y financieros con beneficios adicionales, tales como: congelaciones de interés, contérminos de gracias y tarifas blandas, pagaderos de dos y tres años.

El senador David Barguil ha denunciado en las redes sociales a los bancos porque no tienen intenciones en esta situación crítica y apremiante de desembolsar dineros sin garantías reales y prendarias, en monto correspondiente a cinco veces o más del valor del crédito solicitado que aprueben. El gobierno debe hacer valer sus palabras expresadas y comprometidas en espacio de televisión institucional informativo, relacionado con el manejo del Covid-19. De no cumplirse esas palabras quedarían vuelta basura, desconcertantes y frustrantes.

El gobierno piensa una cosa y los bancos van en contravía por otra, acaparando interés y rentabilidad. Los bancos violan la ley 2009 de 2019, recientemente promulgada y relacionada con la gratuidad de servicios en cuentas corrientes y ahorros tales como: retiros en la propia red, consulta de saldo, certificaciones bancarias, transferencias por internet, entre cuenta de la misma entidad, expedición de cheques de gerencia, extractos, etc. El gobierno de Duque les entregó a los bancos recursos billonarios tomados del Fondo Territorial de Pensiones, capitalizándolo para que, a la vez, facilitaran créditos a las comerciantes víctimas de las pandemias de coronavirus y fortalecimiento de actividades, agroindustrial, avícola, pesquera y ganadera para favorecer la producción de alimentos y mitigar el consumo diario. Mientras el Banco de la Republica rebajó la tasa de interés para préstamos bancarios a 3.20% anual, estos (bancos) las incrementaron del 18% al 20%, a este monto, sin que, contra ellos, se apliquen controles y sanciones para frenar y corregir los abusos reiterativos. Los bancos van utilizar los recursos cedidos o donados por el gobierno para comprar carteras de amparo efectivos a bajos precios, aprovechado la desgracia que estamos viviendo de manera indolente. Nada han aportado ni contribuido los bancos con la causa del coronavirus para solventar necesidades de personas en plena miseria, pasando hambre. Solo les interesa ganar como lo demuestran trimestralmente, balances con resultados favorables de ingresos beneficiosos billonarios.

Lo peor está por llegar si el gobierno no pone orden frente a la circunstancia que vivimos, coordinando equitativamente relaciones restauradoras y de auxilio, que permita de manera incluyente la participación en las ofertas del gobierno que, de hecho deben ser indiscriminada para atender y equilibrar en igualdad de derecho a todas las personas afectadas que soliciten créditos o ayuda para aplacar la agonía y desesperos de quienes han quedado en iliquidez y saturados de obligaciones, sin forma de cancelación de pagos como consecuencia de tragedia infecciosa que obligó a paralizar actividades productivas y cerrar establecimientos sin frenar las obligaciones que diariamente se causan.

Abandonar y desatender el levantamiento de las personas quebradas y favorecer en privilegios a otras sería provocar reacciones de choques que se trasforman en violencias, que debe prevenirse. Los estados anímicos de personas afectadas por las constantes cuarentenas y restricciones están alterados, acosados por los incrementos de deudas y obligaciones que los trastorna, estresa y los tiene al borde de locura. Algunos que no soporten resistir penurias y calamidades pueden terminar tomando la fatal decisión del suicidio, que se debe evitar ante que lamentar.