Injerencia cultural nociva

Anteriormente los pueblos del Sur guajiros se caracterizaban por sus altos grados de niveles culturales, respeto reverencial hacia su propio cuerpo y una competencia sana académicamente entre hogares, vecinos y amigos, para ver cuál familia aportaba más profesionales a la sociedad, y es así cómo en estos municipios poseían más estudios de pregrados o posgrados proporcionalmente hablando, que los otros pueblos de La Guajira.

Hoy notamos una injerencia cultural nociva y lo que es peor, que no vemos una política de choque planificada y ejecutada por las respectivas autoridades competentes con el objeto de contener tan nefasta influencia.

Lo ideal hubiese sido que por la cercanía de los complejos carboníferos del Cerrejón y la Drummond, nos hubiesen impactado con una injerencia cultural positiva, gringa o europea, cómo leernos un libro semanal en nuestra costumbre al menos, o el interés generalizado de aprender a hablar dos o más lenguas diferentes a la nuestra, pero no, estamos notando una injerencia cultural nociva venida por otra vía.

Ya que es común ver motocicletas a cualquier hora del día o de la noche sin su respectivo mofle, produciendo ruidos por encima de los niveles normales permitidos y emisiones contaminantes, sin mostrarse una autoridad controladora sobre las infracciones cometidas.

Causa miedo encontrarse una horda de esos motociclistas a primeras horas de la noche, en la entrada o salida de la calle real del pueblo a altas velocidades, sin ninguna precaución frente a los transeúntes, teniendo antecedentes de accidentes fatales, ya que a esa velocidad el resultado no puede ser diferente. Y a la hora de hoy no le han puesto control a tan tamaño riesgo.

Basta con observar esas hordas de motociclistas para notarles a simple vista sus características principales. Entre ellas:

Menores de edad en su gran mayoría, de hablada extranjera, principalmente venezolano, abundantes tatuajes, gran cantidad de piercing, pelo largo, una parrillera parida ya, generalmente menor de edad, y se percibe cierto grado de olor a droga fumada.

Lo preocupante del asunto es que están influyendo a nuestra juventud tanto femenina cómo masculina, porque hay gran porcentaje de jóvenes locales participando de esas prácticas, disparándose con ello la drogadicción juvenil, disparándose las madres adolescentes, que cada vez se ven más infantiles, disparándose las deserciones escolares y hasta la inseguridad social.

Todavía es hora de contener esas conductas depravadas, porque lo malo no debe copiarse, debe erradicarse, a través de desarrollo de programas combinados que tiendan a controlar y erradicar esas malas prácticas, por un lado debe haber los programas educativos regenerativos, y por el otro lado, deben de haber los programas coercitivos que controlen y reprendan con inmovilizaciones e incautaciones, privaciones de la libertad o deportaciones si el caso lo amerita, multas y sanciones, que erradiquen  totalmente esas malas prácticas de nuestro terruño. 

Porque todavía estamos a tiempo de enderezar el camino, o de lo contrario el futuro que nos espera será lleno de olor a ignorancia, explosión demográfica, inseguridad social y más pobreza.