José de Nazaret, desempolvando su historia

En toda cultura los héroes son los consentidos de las tradiciones de los abuelos, eso hasta hace pocos años, aunque también en los corrientes se ven en series de caricaturas. La sociedad necesita de héroes vivos, pero también de los muertos. El héroe recrea la imaginación, motiva la imitación de sus gestas, el héroe duerme en el imaginario de toda mente sana, y aún de las perversas, pues en su nombre cuántas barbaridades se ejecutan. Los héroes llevados al cine son vistos por millones de personas con sumo agrado. Las tradiciones cuando son verdaderas tradiciones se transmiten a través de muchos medios, porque cada héroe de alguna forma responde a ideales, a proyectos, a sueños de personas, de colectividades.

Un héroe silencioso y que se ha ido abriendo campo en el seno de la colectividad católica, tiene por nombre José, San José de Nazaret, el esposo que fue de la Virgen María, el famoso carpintero padre adoptivo de Jesús. En los Evangelios de Lucas y Mateo se escribe muy brevemente de él. Lucas al no ser judío desconoce las tradiciones judías y se limita a describirlo como al esposo de María y que era descendiente de David, y pare de contar. Mateo que fue judío, conocedor de sus tradiciones le dedica más tinta. Lo coloca como el personaje de la familia de Nazaret. Lo reconoce como padre legítimo al imponer nombre a su hijo. Le reconoce el adjetivo de “justo” y así lo engrana en la gran tradición patriarcal. Dice de él, según la Escritura que se desempeñó como carpintero. Pero a propósito de este oficio podemos añadir lo siguiente.

Si en realidad fue carpintero, este oficio era muy bien considerado dentro de la actividad laboral de aquel tiempo, pues la madera era escasa y se utilizaba para acabados de estilo y, además, la utilizaban castas sociales elevadas, no cualquiera podría hacerse a una casa de madera.

Los entendidos y estudiosos y antropólogos que estudian las costumbres de aquellos tiempos, analizando la cuestión laboral afirman que en tiempos de Jesús, se estaban edificando varias poblaciones por los alrededores y que absorbían mucha mano de varón para las canteras donde se preparaba la piedra para la construcción. Así que no sería vano intuir que a lo mejor José y su Hijo Jesús cuando creció, no fueron nobles carpinteros sino adustos picapedreros, y esto cuadraría mejor con el sentido de pobreza que Jesús asumió para sí y su familia.

Trabajo pesado, al rayo del sol, poco remunerado y gastaba a las personas por respirar el polvo que se levantaba. Pues bien, este nuestro personaje, desempeñó en su hogar las tareas del varón y buscar solución a las dificultades que se presentaban, como fue la persecución de Herodes al Niño, por lo que tuvo que emigrar a Egipto durante algún tiempo. Tuvo que elegir lugares de residencia, hasta que por fin estableció a su familia en Nazaret, donde seguramente falleció. Suponemos que a su muerte Jesús ya era todo un hombre y tuvo que ponerse al frente del hogar. Acerca de su muerte, del lugar de su sepulcro y otros pormenores son desconocidos por los escritores bíblicos. José que era de la casa real de David, transmitió a su Hijo adoptivo el título real, que los profetas realzan en su profecía hablando del descendiente de David, cuyo reino será estable, permanente y eterno. Adentrándonos en el seno de la Iglesia Católica, José en los primeros siglos, aduras penas es tenido en cuenta. En el siglo XVI es santa Teresa de Jesús, la gran mística y doctora española, quien habiendo profesado tierno cariño a san José, promovió y despertó en la Iglesia un mayor interés por este santo varón. Fue, más tarde el Papa Juan XXIII, quien lo introdujo con nombre propio en el texto de la plegaria eucarística. Unos años más tarde el Papa Juan Pablo II, escribió acerca de él un pequeño documento al final del milenio que tituló Redemptor Custos: El custodio del redentor. Y este año, el Papa reinante, Francisco, ha dedicado todo un año para enaltecer la figura de José. Con este motivo escrituristas, teólogos, espiritualistas nos ofrecerán sendos libros para iluminar a este héroe silencioso, del que en la Biblia solo se dan a conocer sus grandes actitudes, pero no se conserva ni una sola palabra pronunciada por el que el Papa Pío IX llamó y proclamó Patrono Universal de la Iglesia. De las actitudes josefinas conservadas en los evangelios, se realza su dignidad varonil en la encarnación del Verbo (Jesús) y su delicadeza para con su legítima esposa María con la cual había contraído matrimonio. Su quehacer de esposo y padre. Se le reconoce que fue un hombre de gran fe cumpliendo las normas religiosas y que, dado su talante, se le apoda el justo, es decir el hombre irreprochable ante los ojos humanos, y sobre todo, de los de Dios. Este héroe personaje tiene aún qué decirnos, qué enseñarnos, mucho que animarnos. Oficialmente la Iglesia lo propone como patrono de los trabajadores el 1 de mayo, y desde luego patrono de los papás. La devoción popular, finalmente, lo tiene como especial ayuda en el momento de la muerte, patrono de los agonizantes.