La batalla virtual: reacciones ante la delincuencia

Los nuevos medios por los que accedemos a las noticias de crónica roja y judicial, crean hoy un escenario en el que se revelan todas las orillas de la opinión, lo que no sucedía con los medios tradicionales.

La información noticiosa venía desde un lugar de enunciación socialmente privilegiado e institucionalizado: los periodistas de oficio, los reportes de las autoridades policivas y judiciales o los secretarios de gobierno. Ahora, en tiempos de generación X y Z, se ha producido una secularización de ese lugar de enunciación noticiosa. Cualquier persona con un dispositivo móvil en su mano oficia como reportero. Todos en algún momento nos sentimos reporteros de un hecho del que somos testigos de ocasión y explotamos ese privilegio que da la oportunidad y la microfísica del poder que implica sabernos dueños de una información que los demás no tienen en ese momento.

Hoy son comunes los sitios web, un blog o cuenta de Facebook, para divulgar información judicial que no pasa por el filtro del periodismo profesional ni se basa en fuentes judiciales, sino de lo que se divulga por redes sociales. La inmediatez juega a su favor. La gente se entera de las noticias judiciales o de gran impacto local y regional, primero por los medios virtuales pues el periódico solo lo leerán al día o lunes siguiente; y la radio, por lo menos en La Guajira, no suele emitir esta información al instante sino en sus noticieros matinales.

Cuando queremos enterarnos de la comisión de un delito o la captura, muerte o herida de uno de los delincuentes, las reacciones surgen enseguida y en cadena. Antes solo leía la noticia y no los comentarios de los lectores porque no las consideraba como aportantes de información relevante. Cualquier día, con cierto morbo, lo hice por primera vez, me llamó tanto la atención que luego seguí haciéndolo ya con interés sociológico. La verdadera sorpresa fue ver cómo se producen batallas verbales desde todas las trincheras verbales.

Cuando, por ejemplo, se da cuenta de un atraco, ataque sicarial a persona que “presuntamente” no es delincuente, es cuando la batalla verbal en redes sociales noticiosas es menos enfrentada pues coinciden los comentarios pidiendo justicia, reclamando la acción preventiva y reactiva de la Policía, quejas sobre el incremento de la inseguridad y voces de solidaridad para con la familia de las infortunadas víctimas. Digamos que allí se hace invisible la postura del lado sicarial. Otro caso es cuando la persona dada de baja tiene antecedentes, es quien trataba de cometer el delito o cabe en el estigma social de “chirrete”. Allí arde la red social. De una trinchera emergen los comentarios de quienes parecen alegrarse: sorna, burla, intención justiciera, comentarios implacables que justifican la muerte del implicado. Esta es una de las ocasiones en las que se pone en circulación su deseo de venganza contra los delincuentes y la justificación de la pena de muerte para estos sujetos.

Pero, enseguida, desde la orilla de la marginalia salen las respuestas. Cuando se produce una captura o es herido el presunto delincuente, es común leer comentarios como estos: “Manito, tú de esa sales”, “Erda cole, fuerza”, “Tranquilo que ya sales” o “HP polochos”. Se hace más intensa cuando se produce la muerte, pues esta misma trinchera que está del lado del caído es atacada y responde ataques de quienes no ocultan la satisfacción por “un ladrón menos” como suelen decir. Emergen amenazas, se encona la rivalidad social, uno defiende y otro ataca, pero no falta quien pide mesura comentando:

“No nos debe alegrar la muerte de un ser humano” o “ese muchacho también tenía familia y debe respetarse su dolor”. Esta orilla conciliatoria generalmente está compuesta por mujeres, más moderadas en estos terrenos simbólicos de conflicto que los hombres.

El mundo de la delincuencia es un terreno de batalla entre el bien y el mal, a veces entre estratos socio económicos, una batalla entre la autoridad y el delincuente, entre la vida y la muerte. Pero las redes sociales están descubriendo la batalla verbal, las distintas representaciones e imaginarios del delito que la prensa tradicional no nos hacía visibles y que no es menos intensa, batalla real y virtual.