La cacerola y el cucharón

En Colombia se convocó con mucho tiempo de antelación a un paro nacional para el 21 de noviembre. Pero muchos no nos enteramos que en las noches se venían sonantes cacerolazos. Yo me enteré cuando en mi barrio empezaron a soñar a las 8 de la noche. Y tampoco se dijo que era de carácter indefinido.

Cómo la Real Academia Española define al cacerolazo como: “Protesta colectiva en la que se hace ruido con cacerolas”, en América Latina se originó en Argentina y sonó tan duro que su eco tumbó a un presidente de la república. Además, han sonado en Chile, Perú, Ecuador y Venezuela. En Colombia, la sorpresa fue mayúscula y muy sonora.

Debo confesar que no he participado en las protestas, marchas o cacerolazos que se están llevando acabo hoy en las ciudades de Colombia. La razón es simple. Primero, porque voté por Duque y tomó hace poco tiempo posesión de su destino. Segundo, creo en el modelo económico de nuestro país. Tercero, temo a la llegada del socialismo a nuestra patria y por último, donde Petro mete las narices, yo no meto las manos.

Les confieso que le temo a Petro por su carácter incendiario, porque lo vi en un vídeo recibiendo dineros en bolsas plásticas y que aún hoy no le ha dado una explicación a sus seguidores. Igualmente porque cuando perdió las elecciones a la Presidencia vaticinó en su discurso que iba a sacar a sus seguidores permanentemente a la calle a protestar. Me pregunto: ¿A protestar por qué, si el gobierno Duque ni siquiera había empezado? Me dio la impresión que es pésimo perdedor. Además, porque en su desespero de desestabilizar convocó hasta las barras bravas del fútbol a unirse al paro. Y, por último, porque les hace trampa a los organizadores alardeando que es el principal organizador.

Por otra parte, hoy veo con asombro que sacaron a muchos de los indígenas de su territorio en el Cauca y los trajeron a la Capital a unirse a las protestas y marchas. Y a los estudiantes universitarios -que puedo asegurar la mayoría ni siquiera votaron en las dos contiendas electorales pasadas- los sacan a marchas y a enfrentársele a la policía con piedras y palos como carne de cañón.

Por lo anterior, quien nos vea desde el exterior dirá que este gobierno es un caos y que Colombia está sumida en una hecatombe. Y, pienso que no es cierto pues el país tiene una de las democracias más sólidas, su economía crece poco pero seguido y cuenta con reconocimiento a nivel internacional de respetar el derecho internacional público y privado.

Aunque no marcho, si es un hecho que hubo muchas acciones que pudo realizar el presidente para evitar este descontento que se está creciendo en forma muy alarmante: Carrasquilla y Botero no debieron ser ministros. El primero, por lo de los bonos del agua. Y, el segundo, porque siempre dio la impresión de saber más de maternidad de gallinas que de estrategia y milicia y segundo, por su afán de salir a los medios de comunicación a defender a los militares, le mintió al país en vivo y en directo.

Asimismo, los afrodescendientes e indígenas quedaron mal contados, quiero decir, mal censados y por lo tanto hay un mensaje que el Dane es un desastre.

Además, con ‘Pachito’ mereció ser más severo por bocón pues da pie para pensar que no lleva la batuta del poder.

Adicionalmente, no haberles cumplido a los indígenas fue un mensaje que la provincia no le importa y que nuestros ancestros son un cero a la izquierda. Acá cabe también, las muertes de los líderes sociales.

De igual manera, no debió haber atacado con tanta fuerza el proceso de paz pues fue un logro del anterior gobierno y mal o bien nos trajo tranquilidad. También, la salud es un caos, nos matan en las EPS al negarnos medicinas, exámenes, cirugías y especialistas.

A su vez, no hay empleo. Pero más dañino fue decir que los jóvenes iban a ganar en 75% de salario mínimo. Y, peor, que desde el Dane se diga que los miles de venezolanos en Colombia no tienen nada que ver con el desempleo de los nacionales. Igualmente, la inseguridad nos tiene con temor. Nos atracan hasta en la puerta de la casa. Vivimos asustados y temerosos.

No haber apoyado con esfuerzo y ahínco la consulta anticorrupción.

Y, por último, es necesario que los colombianos sepamos y creamos que es el presidente Duque el que gobierna y no lo hacen por él en cuerpo ajeno.

Pero, por otra parte, es muy frustrante que una de las exigencias principales de los organizadores del paro, sea que se desmonte el Esmad cuando se pensaba que estaban por exigencias para el pueblo.

Así las cosas, yole agregaría a la definición de la RAE: utensilio que junto al cucharón tiene en jaque al gobierno del presidente Duque.

En conclusión, no me faltan ganas de salir con la cacerola y el cucharón, pues es mi derecho a la protesta un derecho humano y aportar en que Duque conduzca y enderece el rumbo. Aún está a tiempo para que por este descontento no se nos cuele Petro a la Presidencia de la República.