La carrera por la vacuna, ¿segunda Guerra Fría?

Por Elimenes Brugés Guerra

Existió un periodo en la historia que se conoce como la Guerra Fría. Muchos historiadores la ubican entre la finalización de la segunda guerra mundial (1945) y la caída del muro de Berlín (1989). Se le llamó de esa manera porque fue un período de tensión entre dos bloques de países que lideraban Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –Urss–, pero no hubo declaración expresa de guerra tal vez por temor a una escalada nuclear inconveniente para todos.


Era la disputa de las dos superpotencias por el dominio del mundo y cada quien quería imponer su ideología. Estados Unidos defendía el capitalismo como sistema económico y la democracia liberal como sistema político, mientras la Urss defendía el comunismo como sistema económico y la democracia popular como sistema político. Era Guerra Fría porque no era caliente, no llevaba cañones ni artillería pero se estaban disputando el mundo que incluía también la conquista del espacio. Y si el bloque occidental creó la Otan, el oriental creó el Pacto de Varsovia, con similares fines. Hasta que el tire y afloje terminó con el debilitamiento del bloque oriental, la caída del muro de Berlín como símbolo, del comunismo como ideología política y con Estados Unidos como única potencia mundial.


Hoy, parece que el Covid–19 ha reabierto heridas pasadas con nuevos protagonistas añadidos pero, a lo mejor, con las mismas ganas de dominar el mundo. Y también, pareciera, que todos piensan en una segunda Guerra Fría. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, demuestra más temor a China que a Rusia y no desperdicia ocasión para tirarle piedras; sabe que económicamente es más poderosa que Rusia y sospecha hasta del Tik-Tok que ve como símbolo del poderío oriental. Por lo mismo China y Estados Unidos se miran de reojo, se calibran, se lanzan dardos, crean entre ellos guerras comerciales tácitas… y los mercados tiemblan. Son las potencias las que estornudan y es el mundo quien se resfría.


La tensión también llegó a la investigación científica. Hace dos días, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció que ha registrado una vacuna contra el coronavirus, a la que ha denominado Sputnik V. La vacuna fue desarrollada por el centro de investigación Gamaleya y el Fondo Ruso de Inversión Directa (Rfpi). El nombre técnico es Gam-Covid-Vak, pero las autoridades rusas han decidido bautizarlo como Sputnik V, por el primer satélite ruso lanzado al Espacio. ¿Qué hay detrás del nombre? Con el Sputnik I, Rusia se adelantó en la conquista del espacio a Estados Unidos y hoy con el Sputnik V también quiere adelantársele en la guerra contra el Covid-19. ¿Será otra Guerra Fría?


Pero Estados Unidos y China desde el mes de marzo iniciaron pruebas con humanos también contra el coronavirus, cada quien por su lado, se entiende. En China la vacuna es desarrollada por la Academia de Ciencias Médicas Militares y en Estados Unidos por el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (Niaid), y la ha desarrollado junto a la compañía de biotecnología Moderna.


El Reino Unido también es protagonista en esta carrera por la vacuna. La Universidad de Oxford ha desarrollado una vacuna que promete grandes resultados y en alianza con la farmacéutica Astra Zeneca, dice que producirá 2.000 millones de dosis antes de finales de año.


Nos queda la inquietud de si la comunidad científica se pondrá detrás de la comunidad política o si, como debe ser, le da la espalda y actuará libremente para bien de la humanidad. Si la distribución mundial de la vacuna queda dependiendo de bloques geopolíticos, apague y vámonos.