La chispa es la clave

El gran regalo del amor cuando Dios nos creó, es la ‘chispa’, es la llave maestra que abre todos sus mensajes. Dios nos imagina, desciende sobre nosotros, nos habita, nos regala un alma inmortal, y nos lanza a la más prodigiosa de las aventuras: buscado ¿y cómo lo encuentras? A través de la oración, preceptos del amor, espiritualidad, compasión y misericordia que anidas en tu corazón.

La chispa de Dios es una criatura que contagia por naturaleza. ¿Y que transmite el amor? Todo, menos miedo. Por eso, el miedo solo es viable en aquellos que todavía no han descubierto la chispa de Dios. Para el que sabe que está ahí en tu interior, o, sencillamente, la intuye, la bondad es lógica, la acción es continua, la serenidad es irremediable, la misericordia es el paisaje, y la inteligencia es el principio, la chispa de Dios lo contagia todo. Es su característica. Él es así. Y no hay antídoto. La inmortalidad no tiene retroceso, ni funciona con condiciones. Eres o no eres.

La chispa de Dios es una jugada maestra. El desciende, y controla. Él vive porque tú vives. Él recibe y emite, del padre y hacia el padre. Él conoce cada milímetro de tu recorrido, porque así lo imaginó, y porque lo hace contigo. Él sabe del número de tus parpadeos porque los cuenta. Él sabe cómo te llamas, aunque nunca te reclamará. Eres tu quien debe descubrirlo. Será el hallazgo de los hallazgos. Entonces comprenderás todos los “por qué”. Él solo lleva las cuentas de tus dudas, y cada una lo considera un éxito. Si el deseara la certeza en tu corazón, no habría permitido que te asomaras al tiempo y el espacio.

La chispa de Dios es el piloto del alma inmortal. Ella gobierna en el silencio, y en la profundidad de las emociones. Ella es la fuente de los sentimientos. Ella es la que susurra la piedad, y la que inspira la confianza. Ella es la intuición, la mirada del padre. Ella es el cristal que te permite distinguir la belleza. Ella es el espíritu que te mueve hacia los territorios de la generosidad. Ella es la voz que confundimos con la conciencia. ¿Desde cuándo la mente tiene voz? Ella mantiene el rumbo de tu destino, aunque no lo comprendas, ni lo aceptes. Ella, finalmente, te dejará el timón cuando la descubras, cuando comprendas.

La chispa de Dios es tu mar interior. En todos los seres humanos es diferente. En algunos serena. En otros, bravía. Puedes manejarla, buscarla y disfrutarla. Si la dejas hablar serás sabio. Por eso, al descubrirla, los hombres enmudecen. Y el silencio es la mejor respuesta. Ella es otro mundo, sin salir del tuyo. Ella es el reino de los cielos, del que tanto habló nuestro señor Jesucristo, y que muy pocos comprendieron. La chispa no depende de tu voluntad. Ella desciende, sin más.