La civilidad política, otra crisis de La Guajira

La profunda crisis de valores y la inversión de los mismos, se ha convertido en una amenaza que atenta contra el derecho político a elegir y ser elegido en nuestro departamento.

La tesis fundamentalista de que el fin justifica los medios, el fanatismo y la pasión política junto con la codicia y la ambición del poder, han llevado de manera desmedida, a no aceptar la victoria del otro en las contiendas electorales de la península. La lluvia de demandas y tutelas, el empeño en imponer nuevas hipótesis y providencias, le arrebatan a muchos ciudadanos de bien la posibilidad de ser protagonistas en un escenario democrático y participativo, donde no encuentra seguridad jurídica.

Esto nos indica, que en La Guajira la crisis es en todos los órdenes y las dimensiones del desarrollo social y económico, lo cual no nos permite avanzar ni despegar competitivamente. Hay crisis en el eje político-institucional, en el social, económico, ambiental, tecnológico y poblacional y tampoco se escapa la civilidad política que compromete nuestra opinión democrática. Esto deja entrever que puede existir un obstáculo entre la cultura y el desarrollo, dado que el desarrollo depende en gran parte de las decisiones políticas y un pueblo con inestabilidad institucional se le hace más difícil avanzar. En La Guajira se requiere construir consensos, ponerse de acuerdo en un solo haz de voluntades en lo fundamental y edificar con todos y entre todos un nuevo proyecto de departamento.

Un departamento donde quien gane, tenga la investidura de administrar o coadministrar y quien pierda también aprenda la lección y gane en experiencia. Pero hay que aprender a ganar y a perder. Recordando que hay victorias que se construyen a punta de derrotas y en la oposición patriótica y constructiva y en el disenso también se logran escenarios de participación democrática pluralistas. Pero tenemos que entender y aceptar que la política es dinámica y cambiante, no es estática, y depende esencialmente, de una decisión personal del ser humano y cada ser humano es un laboratorio de pensamiento y para él, lo que ayer fue, hoy no es. Porque el hombre cambia de opinión cuando cambian las circunstancias por muy dolorosas que estas sean.

Así son las reglas del juego, cuando alguien gana, alguien pierde, hay que saber esperar en el tiempo de Dios y en su voluntad, que es agradable y perfecta. Estamos rankiados como el penúltimo departamento en desarrollo y competitividad de los 32 departamentos del país. Seguimos estigmatizados y con un problema serio de imagen a nivel nacional. Intervenidos en los sectores más sensibles del desarrollo, como son: salud, educación y agua potable, y amenazadas con la intervención de las regalías. Además, con una red pública y una universidad en cuidados intensivos y en UCI sin garantías. Con una entidad territorial amenazada por la ley 550 de 1999, para iniciar acuerdos con el estado de reestructuración de pasivos. Y mientras estos escenarios-problemas están cada día más latentes y se agudizan más, la polarización y el canibalismo político interno hace su carrera en el departamento.

Por eso, desde el punto de vista de la doctrina más sana, con un sentido altruista y patriótico, exhortamos a la clase dirigente y política de nuestra península, a hacer un alto en el camino y a deponer intereses personales y a pensar más en el interés superior del desarrollo y el progreso de nuestro departamento.