La cultura del envase

Por Hernán Baquero Bracho

Expresaba el inmortal escritor uruguayo Eduardo Galeano que: “estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios. Y ahora con el Covid-19 sálvese quien pueda. La cultura del envase desprecia los contenidos”. Parece que Eduardo Galeano hubiera vivido en La Guajira, donde por décadas ha predominado la cultura del envase. Aquí los contenidos sufren el mayor desprecio: los valores no importan, están invertidos hace rato. El inteligente es tratado de loquito y el imbécil es adorado como dios. Aquí en esta tierra la envidia mata más que el cáncer y el odio reemplazó al amor.

En La Guajira la cultura del envase ha generado todas las crisis que padecemos. Los personajes con tufillos de mafiosos se convierten en los adalides de la cultura local y departamental. El funcionario que salga del puesto sin haber robado para la comunidad es un idiota y un bobo que no aprovechó su momento. Por eso robar el erario es una cultura y es una costumbre guajira. Por ello la gran prensa nacional conoce de nuestra debilidades y que nosotros despreciamos el contenido de lo esencial y nos vamos más por las espumas de los acontecimientos.

Si es en la política ahí si la cultura del envase ha crecido de una manera tal que quien aspira a un cargo público y no cuente con los recursos económicos, el mismo pueblo lo toma de burla y lo expresa tajantemente: ahí va ese loquito disque aspirando a Alcaldía, Gobernación o Asamblea. La cultura del envase ha hecho tanto daño en la política que ya aquí la democracia no se toma con propuestas y proyecciones sino con odios enfermizos y algunos de los que practican el desprecio de los contenidos, se convierten en unos seudos dirigente que como si fueran o estuvieran encarnando al mismo Hitler, sus seguidores vuelven las pasiones en odios y rencores y algunos tratan por todos los medios de dañar a familiares o cercanos a los que perdieron con un odio tal que se olvidan que los padres en el pasado fueron como hermanos y la amistad estuvo siempre por encima de cualquier contenido o de cualquier interés de tipo político o económico y hoy algunos de ellos de manera irracional odian de un modo tal con el que ganó generan miedo y terror. ¡Qué horror!

Por ello la cultura del envase en la política se vuelve despreciable y de cuidado. Porque líderes que encienden las pasiones del odio sin mirar resultados pueden generar hechos impredecibles que tendríamos que lamentar en el futuro inmediato. Pobre de nosotros con estos dirigentes que posan como buenos, pero que en realidad son el mismo demonio disfrazados de ángeles y convertidos en ídolos de barro por sus seguidores.

La cultura del envase en La Guajira ha generado todos los traumatismos habidos y por haber. Como lo expresa bien Eduardo Galeano las misas son más importantes que Dios. El Padre Nuestro lo rezamos de manera mecánica y nos interesamos más por la pinta que lleva el vecino y no importando que es un templo sagrado, murmuramos hasta la saciedad por aquel que se atrevió a estar mal vestido en el templo de Dios. Juzgamos a nuestro prójimo de manera implacable mirando la lagaña de nuestro hermano sin analizar la viga que llevamos por dentro.