La disyuntiva del Fondo Mixto

Por José Luis Arredondo Mejía

El Fondo Mixto Para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira fue creado (1992) en el interregno de lo que la Unesco denominó el Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural (1988-1997). Desconocemos si otros departamentos disponen en su estructura orgánica y funcional una institución similar. De cualquier manera las circunstancias que La Guajira posea una entidad con sus características se convierte en un valor agregado, un activo no solamente para la preservación de los fundamentos, los principios y valores culturales locales, para la promoción de sus ínclitos exponentes intelectuales, sino que igualmente fortalece la noción cuantitativa del desarrollo al aportarle la visión cualitativa al mismo. El Fondo es un baluarte para la generación de conocimiento y vaya falta que nos hace.

La Guajira durante las últimas décadas “sobresale” por una sucesión desafortunada de pésimas noticias, de actos de corrupción, de tragedias humanas, que nos asimila a un departamento fallido.

El Fondo Mixto con su presencia durante la Feria del Libro en Corferias en Bogotá, se convierte en un remanso, una ínsula que permite a propios y extraños admirar otra faceta de este departamento injustamente vituperado. Simultáneamente funge como un escenario propicio en el que nos citamos sin citarnos, paisanos residentes en La Capital y los guajiros que acudimos durante esa temporada. Allí evocamos con afecto y gratitud al terruño. Pero prioritariamente disfrutamos la oportunidad de conocer y adquirir las últimas novedades artísticas literarias y artesanales de los cultores nativos.

Sin embargo y no obstante las breves consideraciones anteriores, es preocupante la disyuntiva por la que atraviesa en los últimos años; haciendo la salvedad del irrestricto apoyo brindado por el gobierno de José María Ballesteros, como se dice coloquialmente se dio “la pela”, y en el marco de las efemérides de los 50 años de la creación del departamento con la Colección Guajira 50 Años, fue posible la valiosa publicación de diversas obras de autores guajiros en materias como: historia, geografía, economía y cultura. El esfuerzo y el resultado están allí. No obstante, los gobiernos sucesivos y con algunos matices se han encargado de contribuir a la lenta desaparición del Fondo.

En lo personal y sin ninguna reticencia, debo decir que mi escasa producción investigativa se inspiró básicamente en el apoyo recibido por el Fondo, mi bautismo autoral surge del patrocinio recibido al ser seleccionado mi trabajo como uno de los beneficiarios de la aludida colección. De no ser por ese hecho afortunado, mi primer documento ‘Economía y contrabando en La Guajira: dos historias paralelas’ no hubiese trascendido mas allá de una monografía de 40 0 50 páginas, en lugar del documento que finalmente logré culminar. Sin ese mecenazgo, hasta allí hubiesen llegado mis pretensiones literarias. Dado ese impulso inicial me motivé y produje la segunda obra: ‘Razones “centrales” de la crisis en La Guajira’, es necesario aclarar que este último trabajo lo saqué avante con mis propios esfuerzos.

Gracias al apoyo al primer trabajo me atreví y me convencí que la investigación es mi ruta vital. En la actualidad estoy haciendo los ajustes y correcciones a mi tercera investigación y paralelamente me encuentro desarrollando una pesquisa sobre la primogenitura de nuestra música vernácula, la que apunta a despejar algunas dudas sobre su nacimiento, y en el que la actividad mercantil desarrollada históricamente por los guajiros y sus nexos fue determinante en el escenario de su creación, la figura señera de Francisco Moscote se yergue allí.

Le pido disculpas a mis lectores por hablar en primera persona y referenciar mi experiencia personal, pero como se trata de ilustrar testimonialmente la importancia del Fondo, nada menor que la propia.

Recibo complacido los resultados de la reunión sostenida entre el gobernador y el director del Fondo, quien posee las condiciones y calidades para dirigir la entidad, es un creador y gestor cultural. Indudablemente y tal como afirmaba un editorial del Diario del Norte, es menester reinventar la institución, obviamente es imposible hacerlo como Dios creó al mundo: de la nada, en términos financieros. La entidad debe contar con una base económica y financiera mínima. Se impone gestionar recursos de otras fuentes y reorganizar y racionalizar las finanzas. Con absoluta certeza, esto lo debe tener muy claro el actual director, “el que está debajo del techo sabe dónde cae la gotera”.