La epidemia de las noticias falsas

Las circunstancias de confinamiento preventivo obligatorio, en las que nos mantiene aún a muchos la emergencia sanitaria generada por Covid-19, han hecho aflorar comportamientos sociales que en unos casos reflejan lo mejor, y en otros lo peor de las personas, en una clara demostración de la complejidad de la naturaleza humana.

La solidaridad, que es el valor humano por excelencia, en esta oportunidad ha tenido una vivencia ejemplar liderada por muchas personas, organizaciones civiles y empresas; ha sido uno de los mejores y más satisfactorios comportamientos que hemos observado y hemos protagonizado. Mas allá de las responsabilidades de los gobernantes, ha habido hechos concretos de solidaridad, realizados en forma voluntaria, con contribuciones individuales y colectivas, que se han materializado en ayudas representadas en alimentos, agua, elementos de salud y en algunos casos en dinero, con las que muchas personas y comunidades vulnerables han podido mitigar sus múltiples necesidades. Ha sido una fehaciente demostración de empatía social que todos debemos mantener y consolidar.

Por otro lado y como muestra de un comportamiento contrario al de la solidaridad, en un contexto influenciado por la ansiedad de información durante esta crisis, se ha presentado una creciente y abrumadora difusión de noticias e informaciones falsas o mal intencionadas en las redes sociales. A pesar de que las noticias falsas han existido siempre en la historia de la humanidad, debido a la propia psicología humana, en esta oportunidad han crecido exponencialmente. Son mensajes en forma de texto, de imágenes o videos con contenido falso o engañoso y atractivo, articulados de manera deliberada para que sean percibidos como verdad.

Los hay de todo tipo. Desde los videos con mensajes de supuestos expertos, que creen que saben más de lo que saben, exponiendo exóticas teorías y fórmulas de mágicos tratamientos para sanar en forma inmediata a los enfermos con el Covid-19, hasta informaciones de supuestos hechos, algunos esotéricos, que están ocurriendo o van a ocurrir pasando por arriesgadas invitaciones a desconocer las recomendaciones de las autoridades sanitarias competentes, nacionales e internacionales.

Las motivaciones de los que emiten o propagan estas informaciones falsas también son de diversa naturaleza. Algunos lo hacen porque disfrutan ver como crecen sus seguidores y como se multiplica la reproducción de su información, otros por interés ideológico, otros para desacreditar organizaciones científicas, gobiernos o sistemas políticos y otros para crear más pánico e incertidumbre. 

Según investigación realizada por MIT, se estima que las noticias falsas se comparten un 70% más que las noticias reales y se propagan a una mayor velocidad. Otro estudio independiente realizado con usuarios de redes sociales demostró que cerca del 70% de las personas no sabe distinguir entre una información veraz y una noticia falsa o engañosa. En general, las personas comparten todo, o casi todo, lo que les llega de personas de su entorno y a su vez una gran cantidad de personas han compartido previamente el mismo mensaje o lo harán con los múltiples grupos a los que pertenecen en las redes sociales, sin verificar su veracidad o validez.

Las noticias falsas pueden llegar a ser muy destructivas. Algunos estudios especializados han comprobado que pueden afectar el sistema inmunológico, crean ansiedad, perjudican la salud mental y debilitan las defensas de las personas. Seguramente Avicena, padre de la medicina moderna, tenía suficiente sustento científico cuando dijo que el 50% de una enfermedad está en la mente. 

La recomendación más conveniente para todos es actuar en forma responsable, evitando ser utilizados como idiotas útiles para cumplir los objetivos y motivaciones de los originadores de las noticias falsas, engañosas y mal intencionadas. Para lograrlo, antes de difundir o compartir una información por las redes sociales debemos contrastarla, desconfiando de las noticias tendenciosas o con algún sesgo y verificando otras fuentes y medios de comunicación. Nos corresponde pues poner en práctica el distanciamiento informativo y alejarnos de la información con dudosa procedencia.

Es evidente que necesitamos aprender a utilizar la enorme cantidad de información que recibimos. Solo así podremos tener comportamientos positivos que contribuyan a mitigar los impactos psicosociales negativos de este virus que invade la aldea global y nos tiene en crisis sanitaria, social y económica.