La esperanza, un reto de la escuela en casa

Aparece la Covid-19 una enfermedad causada por un nuevo coronavirus, altamente contagiosa y en la mayoría de los casos mortal para quienes tienen el infortunio de contagiarse.

Se declara la pandemia y el mundo empieza a paralizarse, las primeras en cerrar sus actividades comunes fueron los colegios y universidades ¿Por qué?… Simple… hay que proteger el futuro, futuro representado en las nuevas generaciones, en los niños y jóvenes del 2020.

Entonces empieza el aislamiento social obligatorio, nadie puede volver a salir a la calle hasta nueva orden, parece que el tiempo se ha detenido, calles y avenidas vacías, las escuelas que antes se estremecían con las risas y voces de sus pequeños inquilinos se han callado, todo por la protección, no encerrados, sino protegidos bajo el techo del hogar, así el virus no llega a los miembros de la familia. Los chicos en casa sin nada que hacer… NO, el futuro debe alimentarse constantemente y los encarga dos, los docentes, tenemos la tarea de liberar, de cultivar sus mentes para que cuando el tiempo siga transcurriendo puedan construir un futuro mejor.

Esa es la esperanza bajo la cual nos movemos actualmente los docentes, por mantener no sólo con vida y salud a nuestros pupilos sino alimentando cada día sus mentes y sus espíritus. Para lograrlo hemos modificado-replanteado planes de estudio-áreasaulas, las técnicas de enseñanza que por años hemos empleado hoy ayudan poco o ya no sirven, nuestra obligación actual es reinventar la manera de llevar al estudiante el conocimiento, incluso oponiéndonos a medidas sugeridas e implementadas por el Gobierno nacional como la desfavorable propuesta de alternancia.

En la tarea de desarrollar sus capacidades, habilidades, talentos, conocimientos, le sumamos ahora mantenerles llenos de fe y de esperanza, soñando que todo esto pasará, que la situación económica de aquellos menos favorecidos será superada, que los padres dejarán en algún momento de imponer trabajos físicos en casa o exigencia exage rada ante los deberes escolares, que los padres llenos de desespero y algunas veces agresivos por no conseguir el sustento diario, saldrán nuevamente a las calles a trabajar una vez la emergencia termine, que pronto podremos abrazarnos nuevamente y encontrarán en los edificios de las escuelas ahora vacíos ese hogar que les comprende que les hace soñar y aprender a luchar por un futuro lleno de esperanza.

La escuela en casa se dedica a restar penas, a dividir el estrés al tiempo que suma en conocimientos y capacidades, y todo remotamente por medio de audios, videos, fotografías mensajes enviados por WhatsApp, correo o plataformas. Es una tarea difícil, no imposible y menos para un docente que sabe llegar al corazón de sus estudiantes. Es así como el docente en medio de esta pandemia actúa; llevando esperanza, acrecentando la fe, por medio de la misma afectuosidad que imparte en el aula, aquella que no se ve escrita en ningún plan de estudios.

La esperanza ha resurgido en muchos hogares, las relaciones han mejorado gracias al con tacto y tiempo disponible, es lo único que realmente poseemos, nuestra familia. Muchos padres de familia que se hacían oídos sordos a los aprendizajes de sus hijos ahora en medio de la desocupación es la única actividad productiva y entretenida que ofrece el aislamiento, “ayudar al niño en sus tareas”. Lo que por años los docentes hemos pedido a gritos ahora es el deber “acompañamiento en casa”, lo que antes prohibíamos en el aula ahora es nuestro aliado “el celular”, lo que para muchos era una hartera o aburrimiento ahora es todo un momento de aventura “escuchar las historias del abuelo” y así podremos mencionar una infinidad de actividades que resultaban tediosas y ahora gracias a la cuarentena renuevan su significado.

Brilla en ésta renovación de significados la esperanza; algo que intenta hacer la escuela en casa, revelar que por la esperanza tenemos una nueva visión en medio de tantas adversidades vemos algo realmente valioso; nosotros mismos, nuestras familias, nuestra escuela, ahora en lo sencillo, viviendo a manos llenas cada segundo y disfrutando del presente siempre apuntando a lo alto en un futuro.