La evolución artístico-jurídica del acordeonero

Sofisticado título para este artículo y ojalá ponga a pensar en grande sobre lo que ha venido aconteciendo y está aconteciendo con el papel del acordeonero, su figura, su rol dentro de la interpretación de la música vallenata y su representación o posicionamiento en el conjunto de música vallenata.

Considero que desde el punto de vista social, empresarial y legal no han evolucionado positivamente muchos de ellos, aún cuando artística, interpretativa y musicalmente si han crecido y han desarrollado su talento para bien de la música vallenata y el placer de quienes amamos, degustamos y observamos la evolución integral de nuestra música.

El acordeonero es el primer integrante del conjunto vallenato que nace. Y nace tocando, cantando, componiendo, verseando y como cuentero; todas estas características lo consolidan como personaje en su comunidad, le dan reconocimiento y lo establecen como miembro fundacional de una música vernácula.

Desde Francisco Moscote, ‘El Hombre’, hasta hace algunos años, fue el acordeonero la figura cimera de la trilogía instrumental de nuestra música, y su talento y destreza en el arte de interpretar un acordeón fue el referente identitario de muchos hombres en distintas regiones del Caribe.

Solo visión como la de Toño Fuentes sacó ese líder de su espacio y lo mimetizó con otros talentosos intérpretes de distintos instrumentos, pero los acordeoneros aún saboreando esas mieles del éxito colectivo supieron, en esos momentos, que su protagonismo estaba en su conjunto y por eso siempre se decía e intitulaban sus producciones “fulano de tal (el acordeonero) y su conjunto”. Eso da una idea de lo que representaba el acordeonero en la ejecución, en la representación y dirección de su conjunto. Es decir, ponía las condiciones, marcaba la pauta, representaba la agrupación e identificaba el conjunto. Obviamente, era el cantante también, caso ‘Chico’ Bolaños, Luis Pitre, Toño Salas, Alejo Durán, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Aníbal Velázquez, entre muchos más. Tuvo en este periodo el acordeonero un liderazgo artístico indiscutible y la representación legal de su conjunto; era el responsable legal, artístico y económicamente por lo que se fuera a dar en materia de contratación, cumplimiento de contrato, arreglos económicos y logísticos. Fue su época de oro.

Luego se da, para gloria de la música vallenata y del crecimiento artístico y musical, la adopción, de algunos acordeoneros, de un cantante. Sin discusión, esto abrió un nuevo espacio para la promoción de la música vallenata; amplió horizontes artísticos; emergió otro expositor del talento músico-artístico dentro de la música vallenata.

Hasta aquí, aun, el acordeonero lideraba. Luego comienzan a tener los cantantes un lugar privilegiado al lado del acordeonero, un “cabeza a cabeza” en materia de popularidad e identidad de “los conjuntos”. El acordeonero, su talento, creatividad, digitación, versatilidad y demás atributos como versear, contar chistes, se va circunscribiendo a sus convites personales. La democracia se asoma en la constitución de las agrupaciones musicales y se inicia la era de “fulano de tal y perencejo”, o sea cantante y acordeonero; ya son dos, ya comienzan los nombres de las agrupaciones, como por ejemplo, Los Betos, Los Pechichones, El Binomio de Oro. Y a poco, la identificación de la agrupación o conjunto se da por el nombre del cantante aún cuando muchas agrupaciones eran propiedad de los dos líderes, cantante y acordeonero.

Hoy, y no puedo dejar de decir que duele, muy pocos acordeoneros son líderes o dueños de sus conjuntos, caso Israel Romero, Alfredo Gutiérrez; está en proceso Rolando Ochoa. En muchas otras de las top diez, son los cantantes los líderes o dueños y, aquí viene el escalafón final de esta evolución, el dueño de la agrupación, cuando es el cantante, éste busca un acordeonero, lo contrata, le pone tarifa, le pone condiciones como a los demás integrantes, no tiene portada ni cartel salvo su talento; es decir, es mediante un contrato que el acordeonero integra una agrupación y no tiene ni voz ni voto, solo notas; y será miembro de esa agrupación hasta cuando cumpla el contrato o “se separen” cuando son acuerdos verbales.

Triste realidad que no disminuye el talento de nuestros acordeoneros, sino, que dentro de la evolución del vallenato se están adoptando ritmos, fusiones y nuevos experimentos musicales y la reivindicación o segundo aire del acordeonero no ha comenzado aún. Como era desde un principio ya no es ahora, y su evolución ha pasado: artísticamente, de número uno de la agrupación, a jurídicamente, número uno de los contratados.