La fábrica de delincuentes

como el sitio por excelencia para que se multiplique en forma exponencial el número de delincuentes. El índice de pobreza multidimensional en las variables de educación, salud, condiciones de la niñez y juventud, vivienda, trabajo y servicios públicos, sumado a la desidia y falta de autoridad y respeto a las mínimas normas de convivencia, la tienen con una carga explosiva social que a diario estalla.

Lo que por mal manejo de lo público se ha dejado de invertir en lo social, se invierte en seguridad privada. Los vecinos de muchos barrios, preocupados porque ya los raponeros se meten a sus casas armados, se organizan para contratar vigilantes e instalar cámaras de seguridad en las diferentes manzanas.  Es impactante  ver la cantidad de rejas y dispositivos de seguridad en la mayoría de los barrios populosos. Crece también el número de conjuntos residenciales con vigilancia privada y cercas electrificadas en cualquier sitio de la ciudad.

Hace unos ocho años alertábamos sobre el crecimiento de grupos de jóvenes desadaptados que se veían en las actividades sociales y culturales, pero especialmente en los carnavales de Riohacha. Indicábamos en ese entonces, los pequeños saltos a la delincuencia como el robo de celulares. Eran casi siempre varones con grandes carencias afectivas, procedentes de la población marginal vulnerable, que no tienen oportunidad ni sitios para el deporte y una sana recreación. Aunque sólo se  culpa a los jóvenes de ser los responsables, ellos son en realidad un espejo de la sociedad.

Esos vándalos del ayer son los que aparecen hoy en las crónicas rojas. El 80% de los internos de la cárcel de Riohacha son jóvenes; al igual que las víctimas y los victimarios de los homicidios. Todos ellos casi siempre tienen los mismos antecedentes: son hijos no deseados de embarazos adolescentes de madres con poca escolaridad, traumas en la niñez, pobreza extrema, salida del sistema escolar, interacciones tempranas con la Policía. Sistema en espiral que se reproduce, hoy están naciendo los delincuentes de la década del 2030. Esto agravado por la mendicidad reinante de muchos venezolanos. 

Riohacha produce miedo por tener altos índices de robos, atracos y homicidios, resultado de su mala administración.Se necesita corazón y cerebro en vez de estómago. Son apetitos voraces lo que ha movido a los últimos gobernantes, siendo prioridad el enriquecimiento personal ante la problemática social. Rescatar de la marginalidad a esos sectores es uno de los desafíos que las comunidades y las administraciones distrital y departamental deben emprender, pues allí anidan las causas del incremento delincuencial. Son esas condiciones las causas de la violencia que las ciencias sociales modernas determinanque hay que erradicar.

La mayoría de las personas que mueren de manera violenta en el plano de las relaciones sociales, lo hacen no en el marco de la guerra, sino como consecuencia del crimen ejercido o padecido de manera individual. Hay muchos riohacheros y residentes que por la debilidad en su formación ética justifican salir a rebuscarse con un arma para darles de comer a sus hijos. Muchos creen que los delincuentes son foráneos, pero en su mayoría son nacidos y criados en el Distrito de Riohacha. Tenemos sicarios que ya han hecho escuela. 

Si realmente se quiere que Riohacha se proyecte como destino turístico, la invitación es a todas las personas, no importa su origen social, político, académico o cultural, a hacer un alto en el camino para analizar y dialogar acerca de las perspectivas de conformar un movimiento cívico e independiente, capaz de emprender la transformación social de Riohacha para impulsar el cambio más importante; el de la mentalidad ante la realidad del momento. Se trata de desarrollar nuevos estilos de pensamiento y de tendencias conductuales.