La gratuidad de Dios

Se entrelazó una lluvia tenue con un sol radiante al ocultarse el día en mi pueblo Chorreras.

Preparaba los aspectos logísticos para el lanzamiento de mi nuevo libro: Humor Chorreriano, ‘El Sentido Humorístico de Mi Pueblo’. Evento que se realizaría el día 5 de junio de 6 a 8 p.m. en la Plaza Principal, con invitación del todo el pueblo.

Ese día, Dios me sorprendió con un arcoíris hermoso, hubo una confabulación del universo; dado a que la carátula del libro es atravesada por un arcoíris que evoco de mi pasado en mi pueblo.

Ese día, mi pueblo lucía los colores del arcoíris y las fotografías eran increíbles, tanto  así, que las compartí y los paisanos dudaban que fueran en Chorreras.

Todavía niegan la existencia de Dios por su falta de fe.

Sábado 12 de junio de 2021, hora: 8:30 a.m. me encontraba disfrutando de un baño de playa en el mar del Distrito Turístico y Cultural de Riohacha. Me sorprendí ese día, de la inmensidad de la creación de Dios, arena fresca y limpia, agua color agua marina, playa despejada de bañistas, sólo contemplaba en el cielo, la revista que realizaban los pelícanos para congraciarse con los bañistas.

El sol apenas despuntaba, el agua estaba fría y la brisa estaba suave.

Caminar descalzo en la playa en la orilla del mar, sentir la sensación de la arena en los pies, dejar que las olas del mar besen la planta de tus pies, dejar que el viento acaricie tu rostro y la sensación del sol oscurezca la palidez de tu piel por el encierro.

Son los grandes detalles de la gratuidad de Dios para con nosotros, que muchas veces no disfrutamos por andar entretenidos en no sé qué cosas.

Dos y treinta de la tarde, percibo el olor de la sal marina confundida con el viento, es la brisa del Nordeste, en la Avenida la Marina de Riohacha.

Me encanta disfrutar de los colores y los olores vivos de la madre naturaleza, volví a ver de cerca, los arreboles que se forman en los atardeceres riohacheros, cerca al Centro Cultural, a orillas del mar Caribe.

No es contarlo, es vivirlo y disfrutarlo, el contacto con el polo tierra, el reconcilio con la grandeza y la majestuosidad que Dios nos regala.

Es detenerte, respirar profundo, sentir que el latido de tu corazón se detiene; porque lograste sincronizar los gemidos de tu alma generados por el estrés, con la armonía de la madre tierra.

Es sentir que tu cuerpo y tu alma se llenan de la paz interior, para luego emprender un nuevo vuelo a estilo de las gaviotas.

Es caminar en la noche por el muelle y escuchar el cómo te arrulla las olas del mar.

Es volver a detenerte y sentir la conexión universal, con la energía de la luna, los luceros y las estrellas.

Es bueno que te detengas a contemplar y puedas disfrutar de la magia que nos brinda la gratuidad de nuestro Padre Creador Dios del universo.