La Guajira: entre el estigma externo y el canibalismo interno

Por Fredy Gonzalez Zubiría

La Guajira repite su historia. Entre las crónicas que aparecerán en el libro ‘Los dos nacimientos de García Márquez y otras historias a doble cerrojo’ se encuentra: ‘La lista Negra’, la más devastadora historia de acusaciones y delaciones políticas en Riohacha sucedida entre 1940 y 1942. Pude tener acceso a la información gracias a la historiadora Lina Brito, quien me suministró documentos desclasificados por el Gobierno de los Estados Unidos, donde se encuentra las delaciones al cónsul de ese país, de los simpatizantes locales de Hitler y Mussolini. Las acusaciones llevaron a la ruina el comercio legal de Riohacha. Luego de la guerra, a la mayoría de comerciantes les tocó dedicarse al contrabando. Al final todos perdieron. Existe una frontera ética entre el deber ciudadano y la embestida personal. La denuncia ciudadana está motivada por el interés colectivo, la denuncia de odio está motivada por interés personal o grupista. En términos jurídicos y morales los delitos son delitos sin interesar los motivos de la denuncia, pero ¿aprovechar el actual estigma de La Guajira para hacer pasar por criminales a sus contradictores políticos es moralmente aceptable? ¿Cuántas personas han sido detenidas en los últimos 5 años y luego liberadas por falta de pruebas? ¿Cuántas vidas han dañado? ¿Cuántos hogares han destruido? Una de las consecuencias del estigma es la oferta de empleo, hemos visto la avalancha de profesionales bogotanos con sueldos millonarios en la intervención de Educación, mientras cientos de jóvenes profesionales guajiros les ha tocado abandonar el Departamento por falta de empleo. Claro, suponen que todos nuestros hijos por ser guajiros son criminales. Cuando el gobernador era Vélez y trató de bandido a todo el mundo, “el encargo de la Gobernación” no era malo. Ahora que es Weildler Guerra y ha logrado un ‘cese al fuego’ con el Gobierno central y no ha perseguido a nadie, lo tratan de usurpador. Wilmer no está preso por Weildler. Wilmer González Brito fue víctima de una venganza política y el vengador tuvo sus aliados locales. Algún día se sabrá, quienes, por querer criminalizar algunos opositores terminaron perjudicando a su propio aliado. Ahora hay quienes quieren hacer destituir a todos los catedráticos de la Universidad aunque la ley permite la hora cátedra como segundo ingreso a los funcionarios, pero cuando se trata de guajiros la jurisprudencia cambia y la ley se interpreta de otra manera. Se vienen nuevas elecciones. Aquellos que utilizaron el poder político para perseguir y criminalizar a otros, algunos que ni siquiera tenían con qué pagar un abogado, no esperen su voto, ni de su familia, ni de muchos de sus amigos. El poder es para construir no para destruir; el poder es para traer beneficios a La Guajira, no para joder a los demás.