La Guajira frente a los efectos de la crisis por el Covid-19

Por Rafael Humberto Frías

La situación actual que está viviendo Colombia y el mundo por los efectos de la pandemia del coronavirus, demanda propuestas desde diferentes ángulos en la búsqueda de una posible solución o apoyo a este inmenso desafío de la crisis mundial. Todos en el mundo están buscando salidas. Estados, naciones, departamentos, municipios, ciudades, comunidades, agencias, corporaciones, personas y entes, buscan de manera ansiosa respuestas a su situación en particular. Ante semejante situación, tan crítica y de cobertura global, considero que, en nuestro departamento debe convocarse a todos los sectores estratégicos de la península para buscar respuestas que orienten en la búsqueda de salidas hacia la reactivación integral de nuestro departamento.

Reactivar social y económicamente a La Guajira debe ser un compromiso de todos. Este desafío mundial requiere afrontarlo con todos los actores del desarrollo territorial y regional. Aquí no puede haber convidados de piedras. Cada quien desde su perspectiva debe aportar un granito de arena para contribuir a encontrar una luz al final del túnel. Hoy los centros de pensamiento, las cámaras de comercio, las universidades y los gremios productivos, juegan un rol importante para prender las locomotoras y arrastrar los vagones vacíos que nos deja esta pandemia letal.  

Pero indudablemente que, lo peor es ponerse a llorar sobre la leche derramada, porque históricamente los guajiros hemos demostrado que estamos hecho de templanza y valor y procedemos de una raza noble y bravía. Considero que, así como hay que tirar líneas estratégicas que nos permitan recuperar de nuevo la economía departamental, hay que hacer un inventario de todas las fallas que tenemos en nuestro sistema de salud para la prestación de unos servicios eficientes, pertinentes, oportunos y de calidad. Tenemos que comenzar a trabajar con indicadores y estadísticas, apartarnos de la improvisación y acudir al direccionamiento estratégico y político de un Departamento que necesita despegar de esta crisis profunda en todos sus órdenes.

Todas las dimensiones del desarrollo territorial están golpeadas, la político-institucional, siente los rigores de unas entidades territoriales que redujeron ostensiblemente su carga tributaria. La dimensión socio-cultural, refleja no solamente en la salud sino en la educación, que no estábamos preparados para enfrentar una pandemia de tan grandes proporciones. La dimensión económica, quizás la más golpeada, por la parálisis de los sectores que la movilizan, es donde mayor se refleja el empobrecimiento y el desmejoramiento de la calidad de vida de nuestra población, no solamente en los más vulnerables de los vulnerables, sino en aquellos que antes tenían la fortaleza de vender su fuerza de trabajo y hoy ven reducida la oferta y la demanda de trabajo. La dimensión ambiental, dicen que la que mejor respira, sin embargo, también carece de intervenciones en el ambiente natural y construido que dinamicen su equilibrio. La dimensión tecnológica, es la de mayor demanda en nuestro departamento, queda evidenciado que el gran desafío de nuestras entidades territoriales es la cobertura universal en las tecnologías de la información y las comunicaciones, para que nuestros territorios queden conectados al cien por ciento, física y tecnológicamente.

Finalmente, la dimensión poblacional, es quien más ha sentido en carne propia el ensañamiento de esta pandemia en la población más vulnerable. Nuestra población con predisposiciones y enfermedades de base, malnutrida y desnutrida, y con poca capacidad adquisitiva, además de nuestros mayores, son las que nos dejan una sociedad reducida y con dolor en el alma porque nuestra red pública es deficiente y carece de dotación adecuada. Por ese escenario anteriormente descrito, opino que La Guajira debe unirse en el propósito de su reactivación integral. El interés superior debe ser la reconstrucción de nuestra sociedad y su capital social y económico. Para lo cual considero que no debe haber vencedores, ni vencidos, ni ganadores, ni perdedores, sino una cruzada de guajiros por la reiniciación de un nuevo proceso de desarrollo social y económico con las lecciones aprendidas.