La Guajira naranja y creativa

Definitivamente, la versión número 52 del Festival de la Leyenda vallenata se convirtió en un campanazo de alerta para la clase dirigente de La Guajira.

El anuncio que hizo el presidente de La República en la inauguración del certamen de convertir a Valledupar en ciudad creativa de la música y la creatividad a nivel mundial, es una muestra de que Valledupar nos arrebató el acordeón y toda su música. Mientras la clase dirigente guajira se sigue peleando el poder regional a través de la Gobernación, generando anarquía en el Departamento, Valledupar no duerme en su propósito de consolidarse como la capital mundial del vallenato.

Pero fue por los muelles brumosos de Riohacha por donde ingresó el acordeón alemán a Colombia. Luego, fue a parar en las manos de un negro trotamundos cantador de noticias, nacido en Galán y al cual la mitología vallenata llamó Francisco El Hombre. El mito y la leyenda que derrotó al diablo con su nota reversada en un duelo de acordeón, y que, por fortuna, nació en La Guajira y se convirtió en el precursor de la música que hoy llamamos vallenato. Así mismo, ocurrió con los carnavales, que ingresaron por Riohacha y fueron a parar a Barranquilla. Definitivamente, los guajiros estamos quedando de espectadores o unos convidados, de piedra frente a toda esa riqueza creativa y cultural que nace en nuestra península, y otros le ponen etiqueta, saco y corbata y lo meten a los clubes sociales.

La Guajira quedó como un departamento de paso, por donde entra y circula hacia el resto del Caribe todo el emporio cultural que hoy lo muestra frente al país y el mundo. No hemos sido capaces de rendirle culto a nuestros más consagrados juglares, ni tampoco de hacer de sus memorias un museo importante para la posteridad. Sólo el recuerdo del ayer perdura, de que aquí en la provincia de Padilla y en Riohacha, reposa toda la realidad y ficción literaria de la obra inmortal de Gabo. También la leyenda de Francisco El Hombre, Luis Enrique Martínez, Leandro Díaz, ‘Colacho’ Mendoza, Hernando Marín, Máximo Móvil, Juancho Roís y Diomedes Díaz, glorias y memorias que en La Guajira tienen enterrado su ombligo y sus muertos. Así mismo, las consagradas dinastías de los hermanos Zuleta, los hermanos Romero, los hermanos Maestre, los hermanos Meriño y muchos otros, también pertenecen a La Guajira. El turista que viene a La Guajira lo encuentra todo, el eco y etnoturismo, mar, playa, gastronomía, sol, desierto, el verde, el río Ranchería, los vientos de Jepirachi y los carnavales de Suchimma.

Se encuentra, además, con la música que va desde los niños Guajiros de senderos de acordeones, pasando por una galería de autores y compositores en San Juan, hasta llegar al Festival Francisco El Hombre, a orillas del mar Caribe, con sus nuevos aires y tendencias. Adicionalmente, están los grandes juglares que, con sus dinastías del acordeón y el canto, han logrado la interpretación magistral del son, el paseo, el merengue y la puya, los aires de la música vallenata. Constituyendo así toda una cadena de valor en la economía naranja, de la cultura y la creatividad del departamento de La Guajira. Pero nos ha faltado visión de futuro. Se requiere que nuestra clase dirigente y política, le apuesten al patrimonio más grande que tiene La Guajira y que se lo están arrebatando, como es la creatividad de nuestros autores y compositores, nuestros acordeoneros y cantantes de música de acordeón.

La Guajira es un territorio naranja y creativo cien por ciento, al cual sus vecinos le han venido sacando el jugo, exprimiéndole su cultura y llevándosela. Pero llegó la hora de pellizcarnos para poner en alto nuestra cultura creativa, desde Francisco El hombre hasta nuestros días. Los Guajiros somos cabeza y no cola y necesitamos sensibilizar al presidente de La República sobre todo nuestro acervo cultural, para que gestione su reconocimiento frente a la Unesco. Todos los méritos, el reconocimiento y la grandeza de este folclor se lo merece La Guajira. Al Cesar lo que es del Cesar, y a La Guajira, lo que es de La Guajira. Nos estamos quedando con las manos vacías y poniendo los hombros para impulsar a nuestros vecinos, siendo nosotros los verdaderos dueños de la riqueza autóctona y cultural, nacida de la más alta pureza del campo y de la ruralidad de esta Península. Alerta, alerta, pueblo guajiro, mira que los vallenatos se están llevando tu cultura y el desarrollo de tu región.