La Guajira necesita mandatarios con cimiente incorruptible

Este año en La Guajira como en todo el país, elegiremos mandatarios territoriales, o sea, alcaldes y gobernadores, igualmente los coadministradores, concejales y diputados.

Por eso, debemos acordarnos que, en La Guajira debemos pasar la página de esta horrible noche de estigma y desprestigio frente a la opinión nacional. Recordemos que como ha venido ocurriendo anteriormente, la alegría solo dura el día de la caravana del triunfo, el jolgorio y el festejo, pero la realidad durará cuatro años. Siempre este episodio ha sido como una falacia, donde se hacen anuncios y más anuncios y después dejan al pueblo con los crespos hechos, con un catálogo de buenos deseos y muchos vaticinios y anuncios incumplidos.

Hoy se requieren hombres y mujeres de cimiente incorruptible, con temor de Dios y que sean justos y honestos para gobernar. Hay quienes solo tienen dinero para comprar la conciencia y nada más. Otros ya se están repartiendo el presupuesto como una piñata y al pueblo que vota y elige, que se lo coma el tigre.

Bien decía el eminente exmagistrado y excandidato presidencial Carlos Gaviria, que quien paga para llegar, llega para robar. Ya basta, no más escándalos de corrupción y candidatos cuestionados y señalados en La Guajira. Esto después se convierte en un vacío institucional, en desgobierno y falta de liderazgo para gestionar e interlocutar con el nivel central. Hoy se requieren mandatarios con solvencia moral y manos limpias. No importan los títulos y más títulos colgados en la pared de acreditadas universidades del país y el exterior. Se requieren más hechos que palabras y que altavoces de campaña. Se requiere mucha pertenencia y patriotismo junto con ganas de servirle al pueblo y no de servirse de este, de su buena fe y del presupuesto público. Se necesitan hombres y mujeres temerosos de Dios y que no nos defrauden más, que ojalá y salgan del palacio por la puerta por donde entran y no por la puerta de atrás. Mandatarios bien rodeados necesita La Guajira, con buenos principios y valores éticos y morales. No más depredadores del presupuesto público. Esos que no piensan en ejecutar proyectos viables, pertinentes, de impacto, sostenibles y articulados, sino en como sacar la plata para pagar sus gastos de campaña o en iniciar una nueva campaña política. No puede seguir haciendo carrera que el mandatario no elabora un plan de gestión ni asume su plan de desarrollo como carta de navegación de su mandato, sino que atomiza los recursos públicos con un plan de reparto del gasto como en una tienda de barrio para pagarle a una clientela electoral que lo elige.

Esta escalada de desprestigio en La Guajira solo se para con buenos mandatarios y buenos ciudadanos que elijan bien. No más cómplices y alcahuetas de quienes se ubican detrás del trono y a la vanguardia del poder para desangrar el presupuesto. No más mandatarios que solo vengan a ostentar el poder y nada hacen por la cultura ni el desarrollo de nuestro pueblo. Necesitamos enfrentar frontalmente la crisis política, humanitaria y de valores que vive La Guajira. No podemos seguir viendo morir los niños wayuú de hambre y desnutrición por falta de intervenciones puntuales. Tampoco soportamos más que se despilfarren los recursos en proyectos que no resuelven los problemas estructurales del departamento. No más mandatarios irresolutos e incompetentes, que le hacen más daño que bien a este departamento.

Los guajiros debemos hacer un alto en el camino y pensar más con la razón que con el estómago. La crisis de La Guajira tocó fondo y se necesita más conciencia y objetividad que desfile y procesiones del asistencialismo interminable que hace carrera en la península. El voto castigo y el voto útil deben impulsarse y promoverse si queremos salir de este estado de cosas inconstitucionales que nos muestran como lo peor del país. Hay que desterrar la corrupción, la inmoralidad pública, el clientelismo político y todas aquellas prácticas malsanas, paradigmas y estereotipos, que tanto daño le hacen a La Guajira.

Debemos con nuestro voto apostarle a un nuevo amanecer, hermoso y lleno de esperanzas. Para lo cual los mandatarios no pueden seguir siendo jefes de debates de algunos candidatos de elección popular ni poner la administración pública al servicio de una campaña política.

Este año con un voto objetivo y a conciencia podemos obstruir las cañerías de la corrupción por donde se fugan nuestros sueños de progreso.